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Tragasueños

Escrito por: Michael Andreas Helmuth

Lenguaje gráfico:

Érase una vez un país llamado Dormilandia, donde lo principal para todo el mundo era dormir.

Existió allí un rey y una reina que tenían una hija llamada Dormilina la cual dormía en el palacio de los Sueños entre sábanas blanquísimas en un gigantesco lecho. Sin embargo, la princesa nunca quería acostarse llegada la noche porque con frecuencia tenía sueños muy feos. El rey y la reina estaban intranquilos porque la pequeña princesa se veía cada vez más pálida y delgada. Buscaron médicos y profesores de todas partes del mundo, se ofreció recompensa pero nada aliviaba a la pobre niña. ¡Ya estoy harto!, dijo un día el rey, iré yo mismo a buscar el remedio. Y así lo hizo. Durante el camino preguntó y preguntó, pero nadie conocía el remedio contra los malos sueños. El rey estaba rendido. No quería volver a su casa sin encontrar solución. Así que continuó anda que anda sin fijarse en el camino y se perdió. Al cabo de un rato vio relucir y centellear algo entre las matas. Parecía un pedacito de plateada luz de luna, y saltaba tan aprisa, de un lado a otro, que apenas se le podía seguir con los ojos. Cuando el rey se acercó más pudo ver que tenía brazos y piernas y una gran cabeza.

El pequeño ser miró al rey y gritó —¿Quién me invita? ¡Ay! ¿Quién me invita? ¡Tengo un hambre horrible— —Me he extraviado—, dijo el rey. Dime cómo puedo salir de aquí. —De aquí no sale nadie, como no sea conmigo—, respondió el hombrecillo. Y yo sólo puedo salir si alguien me invita a comer. El rey buscó entre sus cosas y dijo: —Lo siento. No me queda nada— De lo contrario te daría un bocadillo. —¡Uf, qué porquería! —Dijo el Tragasueños—. Por lo visto no me conoces, ¿eh? No sabes lo que a mí me gusta. A propósito, ¿qué buscas por aquí? —Busco a alguien capaz de librar a mi hija Dormilina de feos sueños— contestó el rey. El hombrecillo de luz lunar dio un brinco y se mostró muy cortés —¡Qué suerte! Hoy mismo tendré algo rico que comer… ¡Me invitan, me invitan! Con la velocidad del viento, escribió lo siguiente en una gran hoja de papel: —»Tragasueños. Tragasueños, Ven con tu cuchillo de asta y tenedor de cristal y abre esos labios pequeños… Cómete los malos sueños que de noche me dan miedo. Deja los sueños felices para mí, yo te lo ruego. Si así lo haces, Tragasueños volverá a mí el buen humor, por eso, Tragasueños Tú serás mi invitado… ¡El invitado de honor!» —Toma —dijo el Tragasueños, corre al cuarto de Dormilina y dile que me llame leyendo en voz alta esta invitación. —¿Sabes qué? —rió el Tragasueños—. Puedes llamarme tú en nombre de tu hija. Y así se hizo. Y antes de que terminara de pronunciar la última frase, el Tragasueños salió disparado por los aires con el rey a cuestas rumbo al palacio.

De golpe todo volvió a estar quieto. El rey en derredor suyo, se encontraba en el suelo de la habitación de su hija. Miró a la reina y gritó: —¡Ya lo tengo!, —y les enseñó el papel escrito por el Tragasueños. Desde entonces, la princesa Dormilina, cada vez que tenía miedo de algún sueño malo, leía en voz alta la invitación. Nunca llegó a ver al Tragasueños, pero a veces, mientras se dormía, oía una vocecilla fina que decía: —¡Duerme tranquila, hijita! Yo vigilo. ¡Y muchas gracias por la invitación? La princesita nunca volvió a tener pesadillas.

SOBRE EL AUTOR: Michael Andreas Helmuth Ende fue un escritor alemán de literatura fantástica y ficción para niños. Sus obras más conocidas son la novela fantástica La historia interminable, Momo y Jim Botón y Lucas el maquinista.