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Vocación o llamada

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Utilizo como título de este artículo dos palabras que resultan ser sinónimas y que, sin embargo, y muy irónicamente, me hicieron contrastar dos realidades totalmente opuestas.

 

La semana  pasada me encontraba en la Feria del Libro compartiendo con un grupo de niños y adultos el contenido de uno de mis libros. Había ido con mi esposa y mis dos hijas. La pequeña estaba atravesando un proceso gripal y el aire acondicionado del área donde estábamos le afectó. Al salir estaba muy congestionada y, aunque no es asmática (gracias a Dios) decidimos llevarla a un centro médico.

 

Rápidamente nos dirigimos a un centro médico cerca del lugar  ubicado en la avenida Bolívar y nos encontramos con  una enfermera llenando unos formularios en el escritorio del área de emergencias. Le explicamos lo que sucedía: ya la niña lloraba y se quejaba por la dificultad para respirar.

 

En ese momento la enfermera recibió una llamada –y no precisamente una llamada de la vocación–, su rostro se iluminó al ver en la pantalla del móvil el nombre de la persona que le llamaba y ese fue el principio del fin, para nuestra visita.

Durante poco menos de cinco minutos la enfermera hablaba muy oronda y hasta flirteaba, mientras mi hija se quejaba. Presa de la desesperación durante esos cuatro minutos con cincuenta segundos (que a mí me parecieron cuatro millones quinientos mil años), decidí dirigirme a otro centro donde pudieran atender a mi pequeña.

 

En el camino iba pensando en lo irónico de la situación. El profesional de la salud (al igual que el maestro, el psicólogo y tantos otros) debe trabajar por vocación, por esa llamada que un día se percibe de servir a los demás y no volverse indiferente ante el dolor ajeno por una «llamada» de otra índole.  Gracias al cielo no podemos generalizar, en el siguiente centro médico encontramos una pediatra con una verdadera llamada a servir a los demás.

 

Solo pido, desde este humilde espacio, que hagamos las cosas de corazón y con el objetivo de ayudar y servir. Como dice el viejo adagio «Si no vives para servir no sirves para vivir».