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Virando latas

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Cómo no corregir (I)

La semana pasada vimos la diferencia entre comportamiento y obediencia, y mencionamos que esta semana íbamos a hablar sobre correcciones y refuerzos. Como este tema es bastante complicado y delicado, lo desarrollaremos a lo largo de tres semanas y, ya que por naturaleza, los seres humanos solemos aprender primero lo que no debemos hacer y, más tarde, lo que sí debemos hacer, vamos a seguir el mismo esquema; esta semana veremos cómo NO corregir a nuestra mascota para que la próxima semana nos resulte más sencillo entender cómo corregirla.

Una corrección es la alteración o cambio que se hace en cierta conducta para eliminarla o perfeccionarla. Las correcciones necesarias deben realizarse en el momento exacto en el que el ejemplar actúa de manera incorrecta con la intensidad adecuada. Es muy importante destacar que una corrección inapropiada puede causar un deterioro permanente en la relación que el dueño haya construido con el ejemplar hasta ese momento. Así mismo, puede traumatizar al ejemplar e, incluso, tener consecuencias tan graves como provocar un ataque.

¿Quién de nosotros no se ha llevado nunca un chancletazo, un correazo o un golpe con cualquier otro objeto de pequeño (e, incluso, ni de tan pequeño) por obediente? Pónganse a pensar y seguro que algún golpe todavía les duele al recordarlo, a pesar de haber transcurrido tanto tiempo. Desafortunadamente, este es uno de los métodos de educación o disciplina más utilizado a lo largo de nuestra historia en todo el mundo hasta hoy día, aunque se haya demostrado que no es un método eficiente en la mayoría de los casos humanos, y totalmente deficiente en el caso de los animales.

Cuando hacemos esto con un animal lo estamos humanizando, es decir, lo estamos tratando como a un ser humano, y maltratando. En la naturaleza, ningún ejemplar adulto de ninguna especie utiliza este método para corregir a sus crías o a los ejemplares jóvenes, por tanto no relacionan el golpe con el hecho de haber realizado algo incorrecto. La acción de golpear a un animal solo tiene dos consecuencias nefastas:

  • La primera, puede crear temor y desconfianza hacia todos los seres humanos; en este caso, estos ejemplares evitarán el contacto humano.
  • La segunda, puede crear agresividad, ocasionando ataques hacia los seres humanos, independientemente de si esa persona fue la que le golpeó o no.

Bajo ningún concepto se debe golpear o maltratar a ningún animal, recordemos que este acto está penado por nuestra ley, para más información consulte la Ley 248-12 de Protección Animal y Tenencia Responsable. Recordemos que las manos las debemos utilizar con los animales solo para darles cariño, alimentarles, asearles… solo para acciones positivas.

Otro grave error a la hora de corregir a nuestro ejemplar es encerrarlo. Una vez más, este método no es el que utilizan los ejemplares adultos con los jóvenes, por tanto, es ineficaz y contraproducente, causa ansiedad y un estrés innecesario. El kennel debe ser un lugar seguro y agradable para nuestro ejemplar, no un lugar de castigo.

El tercer error más común para corregir a un ejemplar es consultar los problemas de comportamiento canino con personas que no están especializadas en este ámbito, como, por ejemplo, un veterinario o un vecino. Si necesita ayuda, consulte con un especialista o puede que el remedio sea peor que la enfermedad.