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Una carta a mi generación: Ayer, Hoy, también Mañana.

Escrito por: Fuáquiti

Por Pablo Miguel Alcántara

Anoche me acosté a dormir, a descansar, como se hace cuando concluye el día, y al despertar habían pasado veinte años. No sé a dónde habrán ido a parar todos esos días que caben entre la noche de ayer y la tarde de hoy. Ayer iba al colegio en la mañana, inglés, deportes y tareas  por las tardes. Hoy, mis tardes y mañanas y a veces las noches,  se escurren como el agua que agarramos con las manos, en faenas laborales, en el batir del cobre. Ayer, era simple la vida, y hoy, de alguna manera, que aún no sé cómo pasó, los nudos se fueron apretando hasta soldarse. Como diría un amigo, “Extraño la simplicidad de la vida”.

Ayer estaba por entrar a mis veintes, y hoy a los cuarenta. Aunque pueda llegar a pensar que sean sensuales mis canas, el punto es que ahora están y ayer no estaban. Ahora, a mitad de mi vida, ya me di cuenta de que nuestros abuelos han muerto. Aquellos que nos quedan, que mueren hoy, no los lloramos con tantas fuerzas como los que llorábamos cuando éramos niños, cuando al otro día del entierro nuestros amiguitos nos preguntaban por qué no habíamos ido a clases el jueves, a quienes tristes todavía, respondíamos.

Ayer nos regaló muchas cosas, nos formó, nos preparó, nos unió a personas de las cuales jamás nos iríamos a separar, pues se trenzarían a nosotros y a nuestros destinos como hebras de cabuya. También nos prestó otras para disfrutarlas durante un tiempo y luego guardar sus lazos en el cofre de cedro de memorias y recuerdos, que huele tan bien, cuando lo abrimos. Algunos eran amigos verdaderos, leales, genuinos y sinceros. Pero eran de temporada. Por más que quisimos eternizar nuestros vínculos, así como ayer nos los entregó, también se los llevó. Ayer nos dio amores de verano que no superaron el otoño, y amores que han vivido junto a nosotros mil inviernos y doce primaveras.

Ayer nos sirvió en bandeja de plata oportunidades que dejamos pasar. Ayer también nos permitió vivir circunstancias donde se darían las coyunturas de lugar, para crear nuevas oportunidades. Ayer nos dio momentos agrios y temporadas dulces; momentos de gloria y reveses innombrables; nos colocó en las manos las herramientas necesarias para forjar nuestro carácter, para templar nuestro acero. Ayer nos llenó de fe. Ayer nos entregó materia prima, energía almacenada, que luego se convertirían, en lo que somos hoy.

Ayer estaba lleno de lo que podríamos ser; hoy de lo que somos. Ayer estaba lleno de potencial, hoy de la energía que está fluyendo, del fuego que quema nuestras entrañas, de las pasiones que hacen hervir nuestras sangres. Ayer tenía muchas cosas buenas, excepto, que ayer no es hoy. Este es nuestro momento para trascender, para influenciar, para servir, para hacer una diferencia, para dejar una huella, para sembrar el árbol que mañana dará sombra. Es hoy, cuando tenemos las fuerzas, el carácter forjado y la experiencia, que podemos  trazar los caminos que mañana habrán de ser transitados, caminos mejores  que los que anduvimos ayer.

Es hoy, que podemos levantar las bases de un mañana mejor, remover las piedras para los que vienen detrás. Ayer nos vestimos de soldados, pero es hoy cuando salimos a la guerra. Es ahora y no mañana, pues lo que nos toque hacer hoy, y dejemos para mañana, puede que no lo hagamos nunca, porque mañana nos toca morir y a nuestros hijos tomar la antorcha. Ya nuestros abuelos hicieron su parte y abrieron luego espacio en este mundo a nuestros padres, y nuestros padres ya empezaron a morir, y no a destiempo.

Es tiempo de que analicemos si vamos caminando bien o hemos perdido nuestro rumbo.

Hoy nos toca a nosotros preparar nuestro legado. Hoy nos toca dejar un mejor entorno a nuestro paso, no estropearlo, mientras preparamos a los que vienen detrás para su hoy, que es mañana.

Mañana, cuando baje la marea y las aguas vuelvan a sus cauces, cuando nuevamente sea simple el existir, cuando me toque morir, quiero dejar un mejor país que el que hallé cuando nací, quiero estar orgulloso de hoy.