A+ A A-
A+ A A-

Tres moñitos no” y “Carlitos James busca un cundeamor”, de Virginia Read Escobal.

Escrito por: Karina Castillo

Estas dos historias, de la escritora, arquitecta y gestora cultural Virginia Read Escobal, son presentadas a través de sus niños protagonistas, con tramas coloridas y fluidas, en un lenguaje coloquial y con una visión entusiasta y sencilla de la vida. En ambas, incluye ricas descripciones y diálogos animados que mantienen el interés y la conexión con el lector.

La primera de ellas, titulada Tres moñitos no, emplea repeticiones, sinónimos y expresiones como esta: (a los cabellos) hay que “domesticarlos, ablandarlos, alisarlos”, para enfatizar cuán molesto es que a uno le quieran cambiar su naturaleza.

En la misma, la autora se vale indistintamente del narrador en primera y en  tercera persona para mostrarnos a una niña sometida a un proceso casi de tortura, para que su  pelo se mantuviera en “su lugar”.  Pero, “¿cuánto puede durar el peinado?… será cuestión de minutos, a lo sumo una hora, o hasta que suene el timbre”.  O quizás, “se vaya al garete, tan pronto se ponga a jugar al topao en el recreo con Carlitos James”, su amigo.

Lo bueno es que esta niña sabe muy “quién es y lo que quiere”: un pelo como ella, “alborotado, impredecible, ingobernable, eléctrico, salvaje…feliz”.

En la segunda historia, Carlitos James busca un cundeamor, su personaje principal es un niño “normal”, pero a quien una vecina considera “el azote del vecindario”. Luego de realizar sus travesuras, su madre lo esperaba con una cara de “prepárate cuando te agarre”.

Para añadir jocosidad a sus relatos, la narradora usa frases  costumbristas.  Esto hace a cualquiera preguntarse qué son “ojos de agua mansa”, refiriéndose a la mirada de su madre, o nos recuerda lo que es una “pela de calzón quitao”.

Carlitos James, después de su última hazaña con una honda, fue enviado “de castigo” a casa de sus abuelos que vivían cerca de los bateyes y el ingenio. Antes de partir, su madre le encargó un cundeamor, una especie de “enredadera con una flor”, de la que come el colibrí.

Al describir sus escenas, la escritora lo hace cual si fuera poesía, como en esta del jovencito llegando a su destino: (Carlitos) despertó “con el olor a mar y la zafra de San Pedro”. Allá, su abuela lo estaba esperando. Lo llamaba Pochochí, pero a él no le gustaba ese “trato de niño”.

Con el paso de los días y mientras buscaba lo que su progenitora quería, el protagonista exploró entre hierbas, guloyas y tubérculos. Hasta que una mañana su abuelo le mostró esa planta, que le decepcionó por su aparente simpleza. Sin embargo, durante todo este proceso pudo aprender de la luna, de los sembrados y la importancia de “enredarse” en el amor de la familia, así como lo hacían esos tallos en la empalizada.

En su libro, la también ilustradora resalta los valores de la identidad, las raíces, lo auténtico, el trabajo y el saber que viene de la experiencia.

Virgina Read Escobal  no juzga, solo presenta a sus personajes tal y como son, y deja que ellos se den a conocer y nos cuenten su historia con la frescura, el humor y la profundidad que solo se encuentran en el corazón de un niño.

Topao: Juego tradicional dominicano en el que uno de los participantes persigue al resto hasta tocarlos.

Cundeamor: Planta trepadora de regiones tropicales, llamada también melón amargo.

Guloya: Personaje del folclor dominicano, figura del carnaval de San Pedro de Macorís.

Empalizada: Especie de valla hecha con palos o ramas, cerca de sembrados.