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Suplemento

Escrito por: Fuáquiti

Monedas al aire, de Julio Adames.

Por Karina Castillo

El poemario titulado Monedas al aire, escrito por Julio Adames, está conformado por 57 textos, escritos que evidencian una gran sensibilidad y contemplación del entorno.

Sus versos, tienen la sencillez de una miga de pan y la profundidad de “la noche que huele a sol”, y muestran un dominio singular de la imagen poética.

Y es que, en el mundo del autor, a la vaca “solo le gusta comer margaritas”, mientras que la babosa prefiere bailar un vals “con sus zapatillas rosa”, y “hay un pez soñando al final de la línea donde la luz resbala”.

En su libro hay poemas que son un verso y viceversa, como en Transparencia, donde nos dice: “He recogido la silueta de la tarde en un vaso”.  O como en Playa: “Escondida en una vieja sandalia viaja el agua”.

Sus textos pueden ser también una historia. En Cuento a dos voces, un rey y un buey “bailan” entre sus estrofas.

En otro de ellos nos habla de un “gusanito inquieto” que “se cansó de serlo y que, de unos pétalos de flores, se fabricó unas alas”, convirtiéndose en “una hoja salpicada de luz”.

Para nuestro autor, la luna es su cómplice, a la que mira “acurrucada entre las hojas de un árbol” mientras siente “su aliento que lo perfuma todo”.

Este poemario es un estímulo a los sentidos, que con su belleza, fluidez y candor nos lleva al deleite.

Los versos de Monedas al aire, como los fotones del sol, se propagan y nos despiertan, llevándonos a volar entre imágenes y sonidos, “como pájaros soplados por la luz”, y a cantar entre sus líneas adivinanzas, trabalenguas y diálogos. Nos recuerdan que la vida es hermosa y se aprecia en las pequeñas cosas que muchas veces pasan desapercibidas. Para notarlas y disfrutarlas, como ha hecho Julio Adames, solo basta poner un poco más de atención.