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MÚSICA POR TODAS PARTES

Escrito por: Farah Hallal

El ejercicio fue interesante: los sábados por la mañana dando clases de escritura a jóvenes de –más o menos 18 y 19 años– de una universidad privada y, por la tarde del sábado, más las mañanas del domingo, dando  clases de escritura a jóvenes de la misma edad, provenientes de  bateyes de distintos puntos del país. ¿Resultado? Música por todas partes.

 

Impartir una clase de escritura a jóvenes que tienen todo y, el mismo día, a jóvenes que no tienen nada, es como para volverse loco. Como maestra tienes que cambiar el chip, y no puedes evitar hacer comparaciones secretas del comportamiento humano y de cómo las oportunidades desiguales  afectan la vida de la gente.

 

Y eso viene a cuento –pues hablamos de escritura, ¿no?– porque al dar clic en el periódico, leo el artículo que declara el monto por el cual contrataron al jugador de baloncesto Stephen Curry, de los Golden State Warriors: 201 millones de dólares por los siguientes cinco años.

 

A mí no me toca nada de los 201 millones de Stephen Curry, afrodescendiente como los estudiantes de bateyes, que tuvo la suerte de nacer en 1988. Su padre, Dell Curry, también jugador de la NBA, nació en 1964, justo un año después de que entraran por primera vez dos afroamericanos a una universidad estadounidense: Vivian Malone y James Hood. Antes de su matriculación en 1963, en Estados Unidos nunca un «negro» fue a la universidad junto a un «blanco».

 

No queremos darnos cuenta de cómo la educación es fundamental en nuestra vida. Lo cierto es que educarnos determina mucho. No solo es cuestión de ingresos, pues un beneficiario de la industria hotelera puede ser un descendiente que no haya echado los dientes y ya lo tenga todo, pero es mucho más. Puedes tener un automóvil costoso y faltarte muchísimo para ‘graduarte de gente’. Y puedes ser una empleada para quehaceres domésticos y tener mayor formación de hogar que yo. Sin embargo, repito, la desigualdad juega un papel fundamental en la vida de la gente. No nos engañemos: el dinero no lo es todo.

 

Es común ver a nuestros jóvenes y no tan jóvenes perdiendo el tiempo en una esquina de un colmado, mientras solo unos pocos aprovechan cursos gratuitos en INFOTEP. Gente que, arrastrándose, llegó a graduarse de bachiller y prefiere pasarse un domingo en una esquina, haciendo cuentos, que leyendo un libro. No se dan cuenta de que la educación es un elemento fundamental para el desarrollo humano y que, si colaboran para que las mujeres de su familia se hagan profesionales, están aumentando las oportunidades de quienes nacen de ella.

 

En fin, que me gustaría que hoy me cayera algo de los 201 millones, como me gustaría que me cayera algo de la fuerza y la ilusión con la que viven los jóvenes de los bateyes.  Sin tener ni lo uno ni lo otro, me quedo con la música de poder enseñar a jóvenes con deseos de aprender, de transformarse, de cambiar su mundo… sin importar de dónde vengan.