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Mi caballito de goma y otros poemas para niños, de Andrés Acevedo

Escrito por: Karina Castillo

 

En Mi caballito de goma y otros poemas para niños, el amor por el juego, así como  las tiernas y divertidas vivencias de la niñez, son fuente de inspiración para su autor, Andrés Acevedo. Se percibe en su poesía frescura, gracia e inventiva.

Personajes conocidos, tanto de libros como de la pantalla chica, se destacan en algunos de sus versos. Veamos este ejemplo:

Barquito velero
timón de azafrán
con cien mil luceros
para Peter Pan.

Y este otro:

Vamos a jugar
al Chavo del Ocho
para yo invitar
al niño Pinocho.

Y hablando de jugar,  para el poeta Acevedo, los juguetes tradicionales tienen también su lugar. Por eso le escribe a la tapita, la belluga o canica, a la gomita, al carrito y al camión y hasta al aro danzarín, que puede ser de diversión tanto para niñas como para niños:

Con el aro de mi hermana
ando con mis amiguitos

por el patio y la ventana
donde duerme el abuelito.

Y por supuesto, el caballito de goma, como el nombre de su poemario, no se queda atrás y este, puede hasta volar:

Mi caballito de goma
vive libre en la sabana
se mueve como paloma
que vuela por la mañana.

Pero también los animales “de verdad” tienen un espacio en los versos de Andrés Acevedo. Al picaflor o colibrí  le pregunta:

¿En dónde duermes
mi picaflor?
¿En el perfume
de aquella flor?

Y es precisamente con estas criaturas, que nuestro escritor da rienda suelta a la fantasía. A sus ojos, la hormiguita lleva su “comprita de azúcar y avena para la visita”, mientras el ciempiés tiene “una casa llena de zapatos y un cuarto color café con sauna y hasta piscina.”

Por otro lado, a la golondrina le canta:

 

Quiero volar y volar
como tú sin descansar
como tú mirar, mirar
la inmensidad de la mar.

…y perderme en el sol
detrás de la cordillera.

Además de la creatividad en sus versos, el poeta refleja su amor y respeto por la naturaleza, como en el poema Cazador, donde dice:

-¿Y qué galardón tendrás
matando los pajarillos
que se anidan en los montes
indefensos como niños?

Y en este otro, donde pregunta:

¿Quién dijo que el bosque
no llora, no sufre
cuando parte un ave
del espeso monte?

¿…no sueña, no danza
con las brisas suaves
de las nubes blancas?

Los poemas de Andrés Acevedo tienen un denominador común: una  imaginación vivaz. En ellos se percibe un corazón sensible, se escucha una voz clara, que nos invita a volar como las aves que menciona. Y es que, al igual que la mariposa en sus alas, “lleva en sus versos toda la poesía”.