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Lisa Muchaprisa, de Martin Auer.

Escrito por: Karina Castillo

Esta historia, narrada por el escritor austríaco Martin Auer, es poco convencional. Trata de Lisa Muchaprisa, una niña que cuando la contrariaban, se enojaba apretando sus labios hasta ponerse colorada y, si esto no era suficiente, comenzaba a gritar con fuerza, haciendo que los que estaban alrededor salieran despavoridos.
Lisa era una niña que no se atemorizó cuando su tía le dijo que un pajarraco se la llevaría y en cambio gritó: “A mí no me va a llevar ningún pajarraco, ¡yo me lo voy a llevar a él!”
Una niña que al llegar el ave, saltó sobre ella y la obligó a volar hasta un reino, en vez de a una isla solitaria.
Una pequeña que se enfrentó a la reina, y cuando esta quiso imponerle sus reglas, se mantuvo firme: se vistió con una capa del “zorro”, en vez de usar ropas de “princesa”, y fue a capturar piratas y otros delincuentes.
Una niña a la no le molestaba que le dijeran: “¿Qué príncipe va a enamorarse de una princesa que va por ahí encima de un pajarraco y atrapando ladrones?”
Esta es la historia cuya protagonista no permitió que un dragón la secuestrara. Por el contrario, fue a rescatar de sus garras al príncipe del reino vecino, derribando con sus gritos a la bestia. Aunque, luego de varias rabietas, aprendió a irse en silencio, permaneciendo fiel a ella misma.
Esta es la historia de una niña intrépida, quien fue aceptada por el príncipe, a quien no le molestaba que fuera ella “la salvadora”. Y hasta se ofreció a enseñarle cómo atrapar a los malhechores.
Al final, esa misma niña reconoció que no era una “verdadera princesa”, sino simplemente “Lisa Muchaprisa”, marchándose a casa junto con el príncipe, quien en realidad era un pequeño de tercer grado.
Así como su protagonista, la historia de Martin Auer se sale de lo “normal”. Su estilo narrativo es hilarante y contagioso, mientras se desplaza entre la realidad y la fantasía, manteniendo el hilo conductor. Habla de personas verdaderas, que se equivocan y aprenden, que dicen lo que piensan y deciden su destino sin sujetarse a lo esperado. Porque, ¿quién dice que las princesas solo están para ponerse un bonito vestido y sentarse tranquilas? Hay demasiadas cosas allá fuera para conocer y conquistar.