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La nutrición y su relación con enfermedades crónicas no transmisibles – Cáncer

Escrito por: Jacquelín Díaz Rodríguez

Médico internista – endocrinólogo nutriólogo.

 

Como es sabido,  el cáncer  es causado por un desbalance en los mecanismos  que controlan  la proliferación celular. Esta pérdida de control puede ser causada por mutaciones  genéticas  o aberraciones  epigenéticas.

La  epigenética se asocia a herencia no mendeliana, y corresponde a cambios o modificación de ADN, que pueden influenciar la expresión de genes en uno o más alelos. Los cambios epigenéticos se heredan de célula a célula y pueden ser transmitidos de padres a hijos. Estos cambios son adquiridos a través de la vida y están relacionados  a factores tanto nutricionales como ambientales, que pueden ser modificables o  permanentes, de acuerdo al tiempo de exposición.

Es importante identificar los hábitos que perpetúan estos cambios, para evitar el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles en la población en riesgo. Es en este punto  donde la nutrición juega un rol crítico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS)  tiene un listado de cánceres que son influenciados por la nutrición.  Están asociados a factores dietéticos el 30% de los cánceres en países industrializados, y solo un 20% en los países con ingresos bajos a moderados. Estos últimos, sin embargo, se ven más afectados por aparición de tumores en personas más jóvenes y con evolución más agresiva.

Las recomendaciones generales relacionadas a la prevención  primaria, desde el punto de vista nutricional incluyen:

-Disminución de sobrepeso, ya que se asocia a mayor riesgo de cáncer.

-Aumentar el consumo de fibra, a través de la ingesta de vegetales  y frutas; lo cual ha demostrado reducir la incidencia de cáncer de colon.

-Limitar el consumo de alcohol, lo que tiene mayor impacto en el cáncer de esófago, hígado y mama.

-Disminuir el uso de comidas preservadas o fermentadas,  ya que las mismas han demostrado aumentar el número de casos de cáncer.

-Realizar actividad física, ya que junto  a la alimentación equilibrada, es lo que se describe como estilo de vida saludable.

Por otro lado es necesario que se continúen las investigaciones sobre epigenética, no solo locales sino a nivel  global. Ya que existen  muchos estudios que han revelado el impacto de la dieta sobre el epigenoma.

Recordar que el cáncer es una enfermedad caracterizada por transcripción anormal, y si conocemos que puede inhibir esta última, o mejor aún si descubrimos que con ciertos alimentos podemos activar los genes supresores tumorales, cambiaríamos bastante el  panorama actual.

La excesiva ingesta calórica puede aumentar la  proliferación celular no controlada, por alteraciones más  allá de los cambios del sistema neurohormonal,  como el aumento de la inflamación.  Los componentes de la dieta pueden contribuir o inhibir al desarrollo de cáncer.

Por todo lo antes dicho, se requiere un cambio en los paradigmas desde prácticas actuales y entrenamiento, hasta enfatizar  por ley el uso de protocolos de prevención y estrategias para el desarrollo de mensajería efectiva con impacto global. Pues hay que recordar que la prevención primaria es más costo efectiva que el tratamiento de las enfermedades crónicas no transmisibles, y por lo tanto debe ser una prioridad en países como el nuestro.