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La décima parte

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Cosas que ponen a un hombre

a hablar solo sin saberlo

vengan todos a leerlo

aunque alguno se me asombre.

Sin que sea una hecatombe

hablará frente a un espejo,

como haciéndose el pendejo

con la mirada perdida,

si descubre la querida

que se está poniendo viejo.

 

Hablará con la mente en blanco

a veces bañando el perro

o camino a algún entierro

sentado en un viejo banco.

Contemplando algún barranco

con lágrimas incluidas,

y es que a veces la vida

nos golpea sin compasión,

que hasta por una traición

se habla solo a la deriva.

 

Se habla solo hasta en el carro

en el baño y en la calle

sin reparar en detalles

temblorosos como el barro.

Y comentan por el barrio

que te estás poniendo loco,

o que te patina el coco

porque hablas pendejadas,

pensarán mil canalladas

unos tantos y otros pocos.

 

Se habla solo hasta en el play

en lo que todos disfrutan

y si algunos se disgustan

pues que llamen a la ley.

Se habla solo en un cuartel

y también frente al cajero,

esperando mi dinero

pa’ tomar el autobús,

o maldiciendo a esta luz

¡que se apaga el día entero!