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La décima parte

Escrito por: Wilson Díaz

Envejecientes cañeros
cansados y ya sin dientes
le piden al presidente
un poco de su dinero.
Que para serles sincero
si la razón no me engaña,
es para mí una hazaña
verlos aún protestar,
y esa escena tan letal
¡es lo amargo de la caña!

Algunos han muerto ya
esperando esa pensión
sin que se preste atención
a tanta calamidad.
Es un estado en verdad
que te roba y que te engaña,
hay gente con mala maña
sin pudor ni sentimientos,
ese chin y no les miento
¡es lo amargo de la caña!

A pie y en sillas de ruedas
en motores y hasta en burros
protestan entre susurros
pues ya ni el habla les queda.
La dignidad está en veda
desde los tiempos de España,
llevamos en las entrañas
reventar al infeliz,
y en los bateyes de aquí
¡es lo amargo de la caña!

Mientras ellos se pensionan
con sumas exorbitantes
privilegios irritantes
que al erario lo erosionan.
Y a mi gente la traicionan
sin mirarse la lagaña,
que la vista se le empaña
pa’ no ver a esos cañeros,
y ese pool de carroñeros
¡es lo amargo de la caña!