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La cotorra Marola, de J. Adarberto Martínez

Escrito por: Karina Castillo

Las cotorras son aves generalmente parlanchinas y graciosas. En la historia de J. Adarberto Martínez, la protagonista es una de ellas. Tenía por nombre Marola y era además muy andariega. Un día, luego de ir al pueblo, la alcanzó la noche. La “luna llena estaba tan clara como si hubiese salido el sol”.
El inquieto animal alado, caminaba y caminaba de regreso a casa, por un sendero solitario, hasta que vio a otra cotorra que le seguía. Aunque trataba de esquivarla, acelerando sus pasos, escondiéndose y deteniéndose, su compañera no la dejaba. Por un momento desapareció, para dejarse ver luego, al reanudar “su viaje”.
Marola estaba muy asustada y pidió al cielo que la librara de su perseguidora. Pero la única respuesta que recibió fue una carcajada “que llenó todo el bosque”. El personaje principal solo atinó a mirar la luna, que casi “muerta de la risa” le explicó que de quien la cotorra huía era de su propia sombra.
Esta historia, graciosa y original, hace alusión a algo que tanto los niños como los más grandes, hemos hecho alguna vez: jugar con las siluetas formadas por nuestro cuerpo en respuesta a la luz. Pero también manifiesta un sentimiento muy humano: el temor. Ese temor a lo desconocido, muchas veces infundado, que nos hace detenernos y a veces tomar caminos equivocados.
Nuestro autor, Adarberto Martínez, supo conjugar en su relato, creatividad y frescura, transmitiendo la enseñanza de que en la vida hay que mirar las cosas objetivamente, sin dejarnos llevar por las apariencias, y abandonar los miedos que nos paralizan e impiden verlas tal y como son, bajo “la clara luz del sol”.