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La cocina de mi abuela, de Virginia Read Escobal.

Escrito por: Karina Castillo

Las abuelas tienen un efecto casi mágico sobre sus nietos. Ellas son consentidoras, nos cuidan y nos alimentan.

En La cocina de mi abuela, Virginia Read Escobal nos cuenta la historia de un niño llamado Carlitos, a quien le gustaba quedarse en vacaciones en casa de sus abuelos, en especial en aquel lugar donde “Mamá Ñola”, como le llamaban a la progenitora de su padre, preparaba los más variados manjares. Desde que cruzaba el umbral de la casa, lo llenaban de abrazos, besos, refranes y por supuesto, mucha comida. Además, la hacendosa señora “no desaprovechaba ninguna ocasión para enseñar a su nieto buenas costumbres”.

Carlitos disfrutaba jugar a la pelota en el campo, perseguir a las gallinas pero, sobre todo, permanecer donde los “sabores, colores y olores se mezclaban entre sí, formando combinaciones infinitas”. El niño observaba a su abuela mientras esta hacía “su magia”, aunque el abuelo afirmara que “la cocina no era lugar para hombres”. En cambio, él escuchaba el consejo de la anciana: “Si quieres aprender, tienes que ver y luego hacer”. De esta forma, demostraba que la cocina es un lugar para todos, sin importar género o edad.

Y es que…

“La cocina de la abuela es del mar, del cilantro y la albahaca;
del norte, del sur, del este y del oeste,
de África, de Europa, de Oriente y de América”.

Y allí, frente al fogón, en esa edificación de madera ubicada fuera de la casa, Carlitos sueña en convertirse en “chef-pelotero”, tener su propio restaurante e invitar a su abuelo a ser parte de él, aunque para ello tuviera que convencerlo.

Con su historia, Virginia Read Escobal enciende los sentidos, llama a disfrutar los pequeños detalles y la riqueza de la familia. Nos muestra que no hay que ajustarse a lo esperado, sino explorar cosas distintas, trabajando con empeño para alcanzar nuestras metas. Ah, y que ¡las abuelas son lo máximo!