A+ A A-
A+ A A-

Ideas descabelladas

Escrito por: Yuan Fuei Liao

En aquel país todos se llamaban Amar y tenían casas y calles de distintos colores. Las bicicletas podían ser rojas, marrones, rosadas o de cualquier otra tonalidad, y los sombreros eran muy coloridos. Todo empezó a cambiar cuando Amar Gado, por la fuerza, se impuso como gobernante. Implantó una ley: «A partir de ahora, todas las ideas tienen que ser azules, y además todas las ideas deben llevar cabello».

Las calles se pintaron de azul, con muros azules y afiches azules. La mercancía del supermercado era azul, como el edificio de la escuela, la pista de patinaje, los árboles del parque, la parada de guaguas y hasta la antigua catedral. No hubo más sombrillas amarillas ni pantalones verdes.

 

Todos oían música azul, probaban comida azul, y los perfumes olían a azul. Los pensamientos surgían azules y además con cabellos azules.

El rey Amar Gado mandó colocar un gigantesco letrero azul de ocho letras en la cumbre azul de la montaña más alta: «Miverdad». Decretó que ese tenía que ser el nombre de su reino.

Un tiempo después ―no se sabe si fue porque Amar Gado se aburrió un poco con los matices azules― se modificó la ley:«A partir de ahora, las ideas, además de azules, pueden ser verdes, pero siempre que sean verdes azulados».

Pocas personas fueron las que empezaron a pensar en verde azulado, pues ya estaban acomodadas en sus ideas azules. Pero un buen día azul, un ciudadano llamado

 

Amar Illo decidió pensar más allá de las ideas azules: sus pensamientos eran verdes, cada vez más verdes. Tanto se alejó de pensar en azul que comenzó a ver todo diferente. ¡De conocer las ideas verdes pasó a descubrir ideas amarillas! ¡Incluso adquirió ideas sin cabellos!

Amar Ilis, Amar Anto, Amar Aje y otros ciudadanos, maravillados por la forma de pensar y de ser de Amar Illo, se unieron a él para tener ideas diferentes al azul. Así, de las ideas amarillas llegaron a pensar en anaranjado y hasta descubrieron ideas rojas y violetas.

Amar Gado se enojó mucho. Decía que esas ideas eran «descabelladas», que estaban prohibidas, y que había que dar una lección castigando a los que pensaban diferente a azul. La guardia intentó tomar prisioneros a estos nuevos pensadores, pero ya eran tantos y tantos… Incluso de los mismos soldados nacían ideas sin cabellos.

Los campos, la ciudad y todo el país volvieron a llenarse de colores: era como si unas vendas azules se hubieran caído de los ojos de sus habitantes.

Al reytodo esto le afectaba enormemente. Le daba alergia (¡a-a-ah-aaatchússss!) respirar un mundo lleno de colores. No lo aguantó más: se marchó y pidió refugio en el reino de Amor Dazado.

El pueblo entero, libre para pensar, salió a la calle para amar y celebrar una estupenda fiesta. Subieron a la cima de arcoíris y sustituyeron tres letras del nombre del país: ya no se llamaría «Miverdad», sino «Libertad».