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Fuáquiti al extremo

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*Era una señora tan… pero tan fea, que en el diccionario, ponían su cara para definir la palabra: Horrible.

 

*Era un señor tan… pero tan tacaño, que se dejó crecer la barba, para no comprar corbata.

 

*Eran dos perros… tan pero tan miedosos, que ladraban abrazados para darse ánimo.

 

*Era un camino, tan… pero tan estrecho, que tan solo cabía el señor Gibraltar.

 

*Era un ciempiés, tan… pero tan rico, que compró zapatos para la familia entera.

 

*Era un señor, tan… pero tan cerrado del estómago, que se tragó una llave para que le abriera el apetito.

 

*Era un caballo, tan… pero tan haragán, que cuando el jinete le ponía la silla se sentaba.

 

*Era un campesino, tan… pero tan del campo, que nunca le prestó interés a su capital.

 

*Era un hombre, tan… pero tan obeso, que el taxista lo tenía que llevar en dos viajes.

 

*Era un enfermo, tan… pero tan torpe, que nunca se tomó su medicina porque el envase decía: consérvese bien tapado.

 

*Era un estudiante, tan… pero tan malo, que por no usar la cabeza, nunca supo decir cuántos huesos tiene el cráneo.

 

*Era un tipo, tan… pero tan sereno, que fue condenado a la guillotina y ni así perdió la cabeza.

 

*Era un pasajero, tan… pero tan ladrón, que una vez cogió el Metro y luego no lo quería devolver.

 

*Era un señor, tan… pero de tan mala suerte, que compró un Sagrado Corazón de Jesús y se le murió de un infarto.

 

*Era un señor, tan… pero tan comelón, que de haber estado en la última cena hasta la de Jesús se la habría «jartado».

 

*Era un carpintero, tan… pero tan bruto, que cepillaba la madera con pasta dental.