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El último aon, de Emelda Ramos

Escrito por: Karina Castillo

El último aon es una historia que se remonta al tiempo de los taínos y las encomiendas de los colonizadores. En ella su autora, Emelda Ramos, nos cuenta de las peripecias de un jovencito, de unos catorce años, que vivía en el cacicazgo de Maguá, cuando fue vendido junto a sus compañeros, al mejor postor. Ya no más “juego de pelota, ni areíto, ni ceremonia alguna”. Hasta sus nombres fueron cambiados por un tatuaje con las iniciales de los apellidos de “su dueño”, como si fueran “reses de ganado”.
Nuestro protagonista, Guaramatex, tenía un atuendo normal de aborigen, con taparrabo, pero además, un collar multicolor y un cascabel en su tobillo derecho. Sin embargo, lo que más resaltaba era su peculiar forma de caminar: “en lugar de irse, él parecía que regresaba”. Y mientras era trasladado a su nuevo lugar de esclavitud, le escoltaba su compañero “de juegos y aventuras”: un perro mudo, llamado así por los conquistadores, ya que no ladraba, pero al que los taínos decían “aon”. Su cuadrúpedo amigo lo siguió, incluso al cruzar el río “Camú”, permaneciendo leal e ignorando su destino irremediable, en manos de los españoles.
Esta leyenda, con vívidas descripciones del entorno y diálogos, (a veces “audibles” y otras en el pensamiento), refleja los sentimientos de angustia y temor, que los primeros habitantes de la isla de Santo Domingo habrían experimentado al ser despojados de de su libertad. Nuestra autora emplea un lenguaje rico en vocabulario taíno, el cual es debidamente descifrado en un glosario adjunto, y lo integra con elementos históricos y geográficos de una forma interesante, manteniendo la atención del lector de principio a fin.
Además de su aporte literario y cultural, esta historia exalta los valores de la amistad y la lealtad, así como los derechos inalienables del respeto a la vida, a la integridad y dignidad humanas.