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El sombrero de tío Nacho

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El tío Nacho tenía un sombrero roto que ya ni para soplarse le servía y dijo tío Nacho:

—Voy a cambiar este sombrero viejo —y lo aventó al basurero. En eso pasó su comadre Chola.

—¡Eh! —dijo— ¡el sombrero de tío Nacho! —y lo recogió, lo envolvió en un papel y se lo llevó a su compadre:

—¡Se le cayó su sombrero, tío Nacho! Aquí se lo traigo.

—Dios se lo pague, comadre —dijo tío Nacho.

Cogió el sombrero roto y se fue a botarlo lejos, al arroyo. Cuando volvía comenzó a llover y viene la correntada y arrastra el sombrero.

—¡Ve! —gritó tío Chente— ¡allí se llevan las agua el sombrero de tío Nacho! ¡Corré, muchacho, andá recogelo!

—Tío Nacho, figúrese que ya se le arrastraban las aguas el sombrero. Aquí se lo tenemos.

—Gracias, muchachos, gracias. Y salúdenme a tío Chente —dijo tío Nacho.

«¡Ahora sí que jodió este sombrero! —pensó tío Nacho, y lo voló sobre un taburete. Al rato pasó un pobre pidiendo y tío Nacho le dice:

—Llévate ese sombrero, por lo menos re cubre el sol.

Y se fue el hombre; pero todo es que lo vieran los del barrio y comenzaron a gritar:

—¡Ladrón, ladrón, se lleva robado el sombrero de tío Nacho! —Y lo agarran y lo sopapean y le quitan el sombrero y llegan todos corriendo:

—¡Figúrese tío Nacho que un ladrón se le llevaba el sombrero! ¡Aquí se lo traemos!

—¡Gracias, gracias! —decía tío Nacho; pero ya estaba que reventaba. Apenas se fueron los vecinos cogió su sombrero nuevo y lo voló al basurero y se puso el viejo.

Pero el sombrero nuevo nadie lo devolvió.