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El perro y el reflejo del río

Escrito por: Karina Castillo

Esoopo

Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un sabroso pedazo de carne.  Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo.

Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su supuesto compadre.

Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: este porque no existía, solo era un reflejo, y el otro, el verdadero, porque se lo llevó la corriente.

Moraleja:

Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.

 

 

Artículo de Karina

 

La iguanita azul, de Marcio Veloz Maggiolo.

Todo comenzó el día en que Danielito, salió “descontento” de la casa por no haber recibido un regalo en su cumpleaños. La escasez económica había surgido por los daños causados en los conucos* inundados debido a “las lluvias torrenciales” y, ya que su familia se dedicaba a la agricultura, sus recursos habían sido mermados.

El jovencito pensó entonces en una solución a su dilema: ir a buscar una iguana, mostrarla a los turistas y ganar unos pesos a cambio. Por eso avanzó a través de los sembrados hasta llegar al pequeño desierto, “seco y florecido de espinos y zarzas”. “Allá vivían silenciosas las iguanas azules”.

En su búsqueda, Danielito escuchó algunas historias acerca de esos reptiles, de cómo cambiaban de color y que había una oración de la “santa iguana” que facilitaba atraparla a quien tuviera “una mano piadosa”.

Continuó en sus andanzas y escuchó de una burra que “masticaba luciérnagas como si comiera estrellas” pero luego de un largo trecho, cayó rendido por el cansancio.

Mientras dormía, soñó con un anciano que le dio unos cuantos consejos: Podía encontrar a los reptilianos seres en “la Cueva de los Almendros”, que prestara especial atención al cuernito que tenían para recibir las señales del entorno y que fuera respetuoso con ellos.

Cuando al fin encontró la mencionada cueva, pudo percatarse de que una de las criaturas, de un color azul añil y con “piel que parecía hecha de lona”, se escondía de unos jovencitos que trataban de apedrearla. El niño entendió que estos animales podrían no saber lo que es el dolor, pero sí el maltrato.

Luego de esta escena, el personaje principal esperó con paciencia frente al lugar, donde iguanas de todos los tamaños “tenían su gran palacio subterráneo” hasta que logró conquistarlas con unas guayabas que tenía en su macuto**.

Sin embargo, algo cambió dentro de él. Aun estando tan cerca de su meta, renunció a llevárselas. Solo una que tenía “patas como de araña”, insistió en quedarse con el nuevo conocido.

Mientras en casa, sus familiares lo buscaban desesperados y cuando por fin lo hallaron, compartieron las nuevas vivencias y también a la inquieta, inocente y cuadrúpeda amiga.

Este relato, contado en tercera persona, fluye entre los pasos de protagonista durante su hazaña y la forma de vida de las iguanas azules. Sin embargo, en ocasiones el narrador dialoga con el lector, para regresar otra vez a la trama principal.

La narrativa del autor tiene un estilo llano y costumbrista, que usa una serie de expresiones coloquiales que la hacen cercana. Sin embargo, las ricas imágenes y simbolismos presentes añaden profundidad en los temas que abarcan la familia, la supervivencia, el trabajo y el respeto por la naturaleza.

El texto de Marcio Veloz Maggiolo, acompañado por las hermosas ilustraciones de la artista Verouschka Freixas, nos lleva a través de la imaginación a un mundo fantástico y real al mismo tiempo. Nos invita a observar, conocer y buscar nuestras propias experiencias, valorando y respetando la vida en cualquiera de sus formas. Y que ese “regalo” que tanto hemos buscado, podemos encontrarlo en donde menos lo pensamos.

 

**Conuco: Palabra taína referente a parcela de tierra dedicada al sembrado de productos agrícolas.

**Macuto: Saco de tela o piel fuerte que sirve para llevar comestibles y objetos para el viajero.