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El Niño que no pudo ser censado, de José Rafael Lantigua.

Escrito por: Karina Castillo

“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.  Lucas 2:7

La historia universal del “Niño de Belén” ha sido contada miles de veces en distintas lenguas y formas. En esta ocasión llega a los lectores desde la visión del escritor José Rafael Lantigua quien, con uso excelso de las palabras, nos presenta matices del contexto histórico, social y político de la época, sin dejar de lado la ternura y sensibilidad poética que caracteriza a la misma.

En su ricamente detallado relato, enfatiza la importancia que tenía el censo para los romanos al momento ya que, “la vida del imperio necesitaba ordenarse”, conocer la cantidad de extranjeros, establecer impuestos y mejorar el destino de sus ciudadanos. Pero también alude a los sentimientos de los oprimidos judíos que, aunque en un principio quisieran mantener sus costumbres y sublevarse “contra el gobierno que los patrocinaba”, tuvieron que cumplir con el “decreto imperial de ser contados.

A su vez, el autor describe a los personajes principales infiriendo detalles que pudieran pasar desapercibidos. Nos habla de María, “temerosa y vacilante”, cuando se presenta el Ángel “enigmático y risueño”, anunciándole que iba a ser madre del Salvador.  Y de José, que pierde su “ecuanimidad” habitual y se muestra nervioso cuando le llega la hora del parto a su esposa, pero con “sus manos callosas” acaricia su rostro para calmar su dolor e incluso siente desvanecerse cuando, “a su llegada al mundo”, el Niño “lanza su primer grito de dolor”.

Respetando la trama de la historia original, observa la escena de los ángeles y los pastores en el campo, y nos habla de uno de ellos, “cuyo nombre no recuerdan las crónicas”, quien escucha la voz del “desconocido” que gritaba: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres”. Mientras José, ocupado en cuidar de su familia, “no tuvo tiempo ni oído para este clamor”, y supo de estos seres celestiales que “estuvieron merodeando por el lugar, casi clandestinamente”, cuando los pastores llegaron al establo, “de pobrísima estampa, donde estaba naciendo El Salvador”.

Hace también otra referencia a María quien, junto a su compañero, se sentía llena de “un gozo extraño” y de preguntas que guardaba en su corazón, aunque no estaba completamente consciente del momento, “sin precedentes en la historia de la humanidad”, que estaban viviendo.

Asimismo, pone su mirada sobre el pesebre donde, envuelto en pañales que su madre habría traído desde Galilea, se encontraba con “un semblante risueño e iluminado”, “el Niño al que no dio tiempo de ser contado” pero que, paradójicamente, dividió los tiempos en dos.

José Rafael Lantigua, con su extraordinaria e impecable narrativa, nos muestra esta historia de dominio universal, de una forma poética y sublime, así como el personaje que la inspira, buscando quizás responder las interrogantes que sus protagonistas, él mismo o cualquiera de nosotros, como testigos silentes, en distintas edades y escenarios, podríamos habernos hecho.