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El conejo más grande del mundo

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Tortillas era un conejo muy pequeño a quien le gustaba mucho saltar. Y tanto saltaba el conejito Tortillas, que a veces creía que –de verdad– era grande.

—¡Miren qué grande soy!— exclamaba a diario Tortillas.  A la pequeña oruga le parecía que era cierto, pero a la gran jirafa le parecía que no.

Un día, entre salto y salto, cayó por error dentro de la carpa de un circo. Y tremendo susto se llevó Tortillas al mirarse en un espejo y ver allí a un conejo inmenso.

—¡Ay qué grande es este conejo!          —exclamó Tortillas, muy sorprendido. Como el Conejo del espejo era enorme, Tortillas, el pequeño,  creyó que era un conejo gigante. Pero poco tardó en darse cuenta de que ese gran conejo era su propio reflejo: blanco, de larguísimas orejas rosadas y nariz con forma de corazón.

—¡Ahora sí que soy un conejo gigante! —exclamó Tortillas, y de un solo salto salió por la ventana para volver a su hogar.

—¡Mire qué grande soy, señora Elefanta!   —gritó Tortillas muy contento por su nuevo tamaño.

—Pero estás igual que siempre —respondió sonriendo, mientras movía su enorme trompa para tomar agua del río. Tortillas pareció no haberla escuchado.

suplemento-2-edicion-53 —Como soy el más grande, brincaré de un solo salto este río —anunció Tortillas muy seguro de sí. Quería demostrar que decía algo cierto.

Inmediatamente después, Tortillas trepó a una gran piedra. Desde allí se impulsó y saltó tan arriba que quedó atrapado en la copa de un gran árbol. Abajo estaba el río profundo y tranquilo, como siempre fue. Arriba estaba Tortillas quien tenía miedo de caer. El árbol tenía el tamaño de siempre.

—¡Auxilio, auxilio, ayúdeme señora Elefanta! —gritó Tortillas muy asustado, mientras trataba de bajar. Lo único que consiguió fue resbalar hasta una rama que casi besa el río.

Desde allí, el conejo vio todo muy pequeño y observó su propio reflejo en las aguas: Tortillas era el mismo de siempre.

La amable señora Elefanta levantó su enorme trompa hasta la rama del árbol. Desde allí Tortillas se deslizó suavemente hasta quedar en su lomo.

—¡Gracias por ayudarme señora Elefanta!    —exclamó Tortillas, muy contento.

—¡Ahora sí que eres grande! —exclamó la señora Elefanta, mientras le daba un emocionante paseo por el bosque.suplemento-3-edicion-53