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El caballero Geremy, de Sélvido Candelaria.

Escrito por: Karina Castillo

Las historias para niños tienen en general una buena dosis de fantasía. Sin embargo, para que haya una conexión entre su contenido y el lector, se hace necesario que sea verosímil.

El caballero Geremy, escrito por Sélvido Candelaria, es un ejemplo de un texto literario con un punto de vista más realista, sin dejar de lado la ilusión que caracteriza a los jóvenes lectores.

En esta historia, el autor nos cuenta acerca de un niño llamado Geremy, quien vive con su madre y su abuelo, a quien él llama cariñosamente “papá”. Este y su nieto tienen gran complicidad, y participan de unos “interminables diálogos” cada vez que el pequeño lanza una de sus preguntas como “¿por qué no se le puede dar un beso a Dios?, o ¿a dónde llevan a comer al caballo?”. Mientras, “la tarde calurosa y limpia”, invita a caminar y a iniciar una aventura buscando respuestas.

Sélvido Candelario nos lleva a través del texto, a vernos en la figuras de los personajes principales.  El nieto habló tarde pero, al superar esa dificultad, “se mostró incontenible” y no se callaba ya que,  como a cualquier niño, “todo le causaba curiosidad”: el por qué había niños pobres, si su amiguito de la escuela era mejor que él, o si para ser un caballero había que tener un caballo. Su abuelo “papá” escuchaba y respondía con paciencia sus inquietudes, permitiéndole llegar a sus propias conclusiones.

A través de estos diálogos y usando palabras llanas, el autor trata de temas como los diferentes tipos de familia y que la verdadera riqueza se encuentra en las personas,  (como el tener a alguien que te lea historias por las noches). Además,  comparte el hecho de que “varias ideas pueden decirse con una misma palabra y una sola idea  puede decirse de muchas maneras”;  que para ser caballero no hace falta un animal, y  que “para que las cosas sucedan, lo primero que se necesita es alguien que sueñe con ello”.

Y es así como abuelo y nieto crean “un plan” para convertirse en caballeros, haciendo que las cosas mejoren, una a la vez,  practicando la comunicación, la tolerancia, el respeto, el compañerismo, la solidaridad  y el amor en la familia y comunidad donde se desenvuelven. El mismo daba vueltas en la cabeza del niño, mientras el abuelo lo arropaba y le daba el beso de las buenas noches. El pequeño, al dormirse, parecía flotar sobre su cama mientras sonreía, “y daba la impresión de que cabalgaba sobre un caballo de nubes mientras agarraba con mucho placer su lanza (que era) una paleta de chocolate”.

Bien por historias  como las de Sélvido Candelaria, que unen de manera natural la realidad e imaginación en los niños para, que sin dejar de soñar, se atrevan a ser curiosos, a cuestionar y a encontrar respuestas  por sí mismos.