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EL APODO Y OTRAS FORMAS DE IDENTIFICACIÓN

Escrito por: Raúl Pérez

El apodo es una institución vieja como las creencias religiosas. Es un sello que muchos traen desde el mismo día en que vieron la luz del mundo. Muchas personas se quedan por largo tiempo con estos calificativos acompañando sus nombres, algunos hasta la muerte.

En nuestro país, todas las esferas están preñadas de gente con apodos, aunque muchas veces sean de conocimiento público.

Políticos, profesionales, intelectuales, artistas, militares, periodistas, atletas, etc. En el área de los peloteros existe una gama de apodos y sobrenombres.

Sin dudas que el apodo resulta una mayor aproximación a la personalidad del individuo que el nombre y sus apellidos. Pero hay apodos que gustan y otros que no gustan a quienes los tienen. Por eso los últimos se incomodan cuando se les llama por sus apodos.

Los diccionarios consignan como sinónimos de apodos el sobrenombre, el mote y el alias. Apodo lógico se puede llamar el que se desprende del nombre de la persona, como que a un Manuel le llamen Manolo o Many, a un José, Pepe, a un Francisco, Pancho, a un Antonio, Tony…

En la niñez se le llama «poner nombre», «bautizar» a otros con apodos, como por ejemplo: «Pichón de Burro», «Boca de Cocodrilo», «Cara de Perro», «Ojo Saltao», «Orejú», «María Machito», ¡Y siga usted!

Por oficio, actividad o vocación, se aplican motes como «Guachimán», «Profe», «Poeta», «Licenciado», «El Lechero», «El verdugo»…  Por grado militar: «Jefe», «Comandante», «Saya», «Poli»… Por nacionalidad, aquí, a muchos españoles se les llama «España»; a cubanos «Cuba», y todos los asiáticos, sin importar si son chinos, japoneses o coreanos, son «Chino».  Por región, aparecen nombres como «Puerto Plata», «Barahona», «Cotuí»… Por características físicas: ¿Quién no conoce personas que son llamadas «Rubio», «Moreno», «Negro», «Mulato», «Chino», «Flaco»…?

Como los apodos citados hay otras «especies», incluyendo los apodos-nombres, que es cuando a una persona se le conoce con un nombre que no es el propio, que en sus documentos de identificación personal. Tal es el caso del periodista Clodomiro Moquete quien realmente se llama José Arcadio Moquete.

Apodos de colección

Podría hacerse una verdadera colección de apodos, atendiendo, por ejemplo, a los siguientes aspectos.

Su parecido por comenzar con la misma letra: Tito, Tuto, Tato, Taty, Tatico, Tatá, Tatica, Tutín., etc.

Algunas características físicas, como el exceso de grasa. De ahí que a José Ernesto Oviedo le llamen «El Gordo Oviedo» y a José Israel Cuello «El Gordo Cuello», quienes por cierto, ya no son gordos, pero se quedaron con el mote apaciguado.

Como este tema no tiene «acabose», yo te dejo a ti la página, para que mandes a Fuáquiti los apodos que te resulten memorables.