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EFRAIM CASTILLO

Escrito por: Leibi Ng

Nació en Santo Domingo el 30 de octubre de 1940.

Me daré bombo diciendo que Efraim es prologuista de mi libro de poemas Ficción del Unicornio, publicado en 2016, y que trabajé en su agencia cuando estudiaba en la universidad.  A él y al pintor Ramón Oviedo, su amigo entrañable, les debo mi corta carrera como modelo publicitaria (ji,ji,ji). Pero no es por eso que está en Fuáquiti, no. Está porque es uno de nuestros intelectuales más grandes de todos los tiempos. Como publicista escribió brillantes páginas de nuestra historia en ese renglón; como crítico de arte, de pintura, teatro, literatura… (incluyendo el cine), también.  Como dramaturgo ganó con Los lectores del ático, en 1993 Premio  Casa de Teatro, 1990, y con Los inventores del monstruo, Premio Nacional de Teatro, en 2004. Llevándose otra vez el Premio Nacional de Teatro Cristóbal de Llerena, con Los Coberos del reino, recién en 2015.

Está claro que Efraim Castillo tiene una larga trayectoria como escritor premiado, algo que empezó en los años 60 cuando los jóvenes “enfrentaron a las viejas estructuras de pensamiento con nuevas propuestas estéticas y literarias”.  Él  hizo historia con sus obras Consígueme La náusea, Matilde y con Inti Huamán o Eva again.  Las siguientes décadas los premios para las obras de Efraim se multiplicaron.  Ha obtenido el Premio Nacional de Novela en dos ocasiones: con Currículum (El síndrome de la visa) y con El personero. Los ecos tardíos, le otorgó el Premio Nacional de cuento en el año 2001. Tanto en el país como en el extranjero, se han incluido sus cuentos en importantes antologías.

Citamos de la biografía del autor en su blog de Internet: “Su obra, siempre provocativa e innovadora, es un intento de interpretación de la vida urbana contemporánea; una auscultación inmisericorde de la idiosincrasia nacional desde la ominosa etapa de la dictadura trujillista hasta nuestros días.  En sus novelas y cuentos encontramos una penetrante mirada con la que intenta conjurar nuestras miserias”.

Yo solo puedo elogiar al escritor que admiro y al amigo que quiero, pero si algo hermoso tiene conocerle, diré que los años no importan en la obra de Efraim Castillo. Su mirada de escritor visionario es siempre actual, fresca, incisiva y nos entronca con el mundo, aun cuando se parte de una identidad propia, dominicana y ancestral que no puede hablar de una época nada más (la era de Trujillo, la Revolución de Abril…), sino de la trascendental  ubicación de esta isla desde donde se irradia hacia el mundo la esencia de ser de aquí y ahora por los siglos de los siglos.