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Don Reloj, de Eladio Ramos.

Escrito por: Karina Castillo

El origen del tiempo ha sido un tema que ha motivado a diversos autores. El escritor Eladio Ramos, en su historia titulada Don Reloj,  lo ha manejado de una forma muy particular. En ella los personajes son objetos que cobran vida e interactúan manifestando cualidades propias de los humanos.

Todo comienza cuando “don Reloj” convoca a una reunión “un poco rara pero muy prometedora, entre la Cuchara, el Lápiz, la Tinaja, el Zapato, la Vitrola y la Computadora”. Todos llegaron puntualmente a un lugar verde, bajo la sombra de los árboles y  con “el sol, un memiso, una ceiba gigante y un roble” como testigos. Los invitados, sentados sobre piedras, conversaban y se movían animadamente, mientras “doña Vitrola, con su música por dentro, hacía sonar las canciones y melodías seleccionadas para el momento”. Cada uno participaba a su manera: La Compu “no le perdía ni pie ni pisada a la Vitrola”, mientras doña Tinaja reía tanto que los demás “pensaron que se le botaría el agua”.

Don Reloj por fin tomó la palabra para explicar la razón de la convocatoria. Les habló de sus dificultades en el pasado, y de cómo se fracturó una de sus “piernas”. Si no fuera por su amigo el Lápiz, que se la entablilló, no hubiera podido contarlo. Es por ello, que una de sus extremidades quedó más corta que la otra. Sin embargo, esto no le impidió seguir llevando los tiempos con precisión, ya que desde ese día marca las horas con la más corta y con la más extensa, los minutos.

Todos los invitados mostraron solidaridad con don Reloj, y le dieron palabras de apoyo. Pero la Tinaja y la Vitrola dieron la nota de ánimo diciendo que “hay que aprender de la historia para no repetirla y tomar lo bueno de cada experiencia”. El protagonista comprendió entonces que desde la caída podía marcar las horas para “los niños que juegan y estudian y para los adultos que trabajan”.

Esta historia de Eladio Ramos es ingeniosa, con personajes diferentes, escenas coloridas y diálogos divertidos que dan rienda suelta a la imaginación y reflejan situaciones y emociones tan humanas como el tiempo mismo. Además de entretener a sus lectores,  muestra que la vida es un aprendizaje continuo, así como el movimiento de las agujas del reloj.