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DESBACHO

Escrito por: Raúl Pérez

El universo de los apodos guarda tanta diversidad y colorido como el de la flora, por lo que en un par de próximas ediciones se ilustrará el texto con una breve lista de apodos.

Rodriguez Demorizi cultivó con su pluma la temática de los apodos

Don Emilio Rodríguez Demorizi, un «peso completo» de la intelectualidad dominicana, cultivó con su pluma el tema de los apodos en su obra Seudónimos dominicanos. A continuación, se reproduce un fragmento.

«El apodo, alias, cognomento, agnomento, sobrehúsa, sobriquet, sobrenombre o apelativo, adoptado generalmente por consenso popular, casi siempre viene del vulgo.

Ya lo decía Cervantes: Apode l tuhan, juegue dmanos y voltee el histrión. Pero también es cierto que escritores como Homero, Plauto y Terencio, apodaban comúnmente a sus personajes. Así el apodo existe desde los tiempos de Adán, que en Hebreo significa varón o hijo de la tierra. Desde Crfisto, que significa ungido, quien recibió otros epítetos: Mesías, enviado, y Jesús, Salvador. Con razón se ha dicho, pues, que el nombre del individuo no pasa de ser un verdadero apodo, un epíteto calificativo de alguna cualidad o connotado extrínseco de la persona.

En pocos países abunda tanto el apodo como entre nosotros, algunos por demás conocidos: Lilís (Ulíses Heraux); Perico. General Pedro Pepín; Jacinto B. Peynado.

A veces, el apodo elimina por completo el apellido de una persona: Pedro el guitarrero, dice una partida de defunción del siglo XVIII, existente en nuestra Catedral.

En su bella obra, «Al amor del bohío» (volumen 11, página 31), Ramón Emilio Jiménez, refiere algunas anécdotas reveladoras del común olvido de los nombres de personas a causa de los apodos, y señala, asimismo, la abundancia de los diminutivos.

El diminutivo, muy común en el país, se aplica con igual frecuencia en los apodos. Por ejemplo, a un padre le dicen Polín, y al hijo Polincito. La Chiquitica de Higuey es nada menos que la Virgen de la Altagracia.

Esa abundancia de apodos, es mayor en el Cibao que en las demás regiones de la República Dominicana.»

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Algunos apodos ilustrativos de personajes capitaleños

Chinche, Papanó, Westinghouse, Luis el peinado, Juan Arepita, Pan con timba, Dr. Anamú, Pancho La Grúa, Pichón de burro, Pata de banco, Doble bomba, Lindín boca de jobo, Pelao, Chochueca, Maco Pempén, Juana Barajita, Baby Jhonson, alias El Capitán… ¡Síguelo!