A+ A A-
A+ A A-

DESBACHO DE PRENSA

Escrito por: Raúl Pérez

Los órganos defensivos y de agresión de los seres humanos.

 

Guardando kilométricas distancias con las armas de guerra, de fuego y las armas llamadas “armas blancas”, aún sean niqueladas o color “bronce”, no pocas veces los seres humanos se valen de sus propios órganos para defenderse o agredir a otros. No se conocen armas negras, ni por discriminación.

Comience por anotar la “picada de ojo”, las más de las  veces como un gesto picaresco.  Otras veces,  una  mirada denota censura o rechazo gestual. Se recuerda al ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, darle una “pela” de mirada al ex gobernante colombiano Álvaro Uribe, durante una cita de mandatarios en esta capital dominicana.

Muy cerca de los ojos están los dientes, dispositivos de mujeres y hombres para defenderse o dar fuertes mordidas a personas del mismo género o del contrario.

“Halar los cabellos”, propinar trompadas o “llavear” al contrario para dominarlo es frecuente en las peleas entre seres humanos.

Las rodillas son de fuerte impacto al punto de fracturar a un contrario.  Pero también se conoce la “patada voladora” en la lucha libre u otros deportes extremos.

Las manos y los pies son las armas del torero. ¡Ole!

Incluya las manos de uñas largas, aún sucias, de uso frecuente en riñas como recurso de consecuencias sangrientas, ciertas veces.

Las trompadas son golpes propinados a puños cerrados; mientras que las “galletas” son “a palma abierta”. Se recuerda al narrador de pelota Rafael Rubí salpicar narraciones haciéndose eco de incidentes entre la fanaticada: “Sonó la galleta en el ala izquierda”, decía Rubí durante una que otra transmisión de un juego.

Es muy frecuente esta expresión: “se entraron a dos manos”, cuando brota un pleito entre dos. Si se produce un golpe unilateral, puede ser un “pescozón”, un “trompón”, o un “manotazo”.

Pero también hay pellizcos fuertes, nada tiernos.

Entre los merengues interpretados por Johnny Ventura, se recuerda aquel del estribillo: “Un pellizquito y mándate a huir”.

La “zancadilla” es una acción orientada a tumbar un adversario, cuando se aprovecha su caminar o mediante un relámpago movimiento de un pie que lo saca de balance terminando en el piso.