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DesBacho de Prensa

Escrito por: Raúl Pérez

Cuando se pierde el pelo, un amigo, una cita y una apuesta.

La calvicie no respeta

Perder el pelo es un fenómeno que relacionan con la edad, aunque con el correr del tiempo se vean más calvos en las calles. Se trata de “calvicies prematuras”.

“Algo es algo” dijo el calvo que entró al baño de un hotel y encontró un peine.

Una jueza de Santiago comparó con un calvo el secuestro del expediente del “aduanazo”. La Dirección de Aduanas secuestró todas las pruebas y dejó calvo al expediente, “no dejaron un pelo por donde agarrarlo”.

Dado el paso lento de la calvicie, los afectados lo “cogen suave”.

Los calvos ricos no pierden tiempo para gestionar una consulta donde el especialista.

Acopian chistes y expresiones humorísticas para salir “del paso”, como decir que la calvicie “es sinónimo de inteligencia”.

Cuando un amigo se va

El intérprete argentino Alberto Cortés popularizó un tema musical que se escucha con frecuencia en los velatorios: “Cuando un amigo se va”.

Los negocios entre amigos tienen un alto riesgo de dificultades o de culminar de mala manera.

Manejar negocios y dinero complica los vínculos, incluso familiares.

“Amigo es un peso en el bolsillo, y se pierde…”. “Amigo es el ratón del queso y se lo come”.

Por estas y toda una sarta de experiencias, los vínculos amistosos no pueden arriesgarse con los negocios. Una vieja amistad puede terminar en una abismal enemistad.

Cuando se registran esos distanciamientos, avanza el chisme y el comentario mezquino, ya incursionando en la mentira y otras bajezas.

Perder una cita, hasta la próxima

Cuando se pierde una cita no todas las veces se puede concertar otra en breve tiempo, porque eso depende. “¿De qué depende?”

En primer lugar, si el anfitrión tiene muchos compromisos, ocupaciones y actividades.  El frustrado interesado en la cita, regresa casi siempre echándole la culpa a otro o a los tapones.

Aunque existan buenas relaciones, la excusa del que falló es inmediata, igual que la petición de la próxima cita. Todo transcurre de buenas maneras y respeto.

Las apuestas viciosas.

República Dominicana es un país de apuestas. El vicio cubre todo el país, y no entraña nada bueno para la sociedad. Los deportes en el exterior han subido en apuestas. Pero un breve recorrido por las calles de cada barrio, es suficiente para captar la gravedad del vicio y la multiplicación de las bancas, como si brotaran de la tierra.

El Estado y los gobiernos no son indiferentes ante la pandemia del vicio y las puestas. A más juegos, menos atención a los problemas del país. Nada importa a los burócratas del erario, que hacen fortunas con el dinero público.  El empeño de un objeto o los sucesivos préstamos llevan a la ruina a miles de jugadores empedernidos, que terminan ‘sueltos en banda’ cuando no hay a qué apelar para jugar.

Para no pecar de injusticia, “valga la aclaración” de que hay apuestas en las que no media el dinero, especialmente alrededor del béisbol, el baloncesto y otros deportes de afición masiva.

La política es otra temática que provoca un abanico de apuestas. Normalmente se apuesta cajas de bebidas alcohólicas, para entrega luego de las elecciones. Felicitamos a los agraciados.