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DesBacho de Prensa

Escrito por: Fuáquiti

Pérdidas repentinas que desesperan al más calmoso

Reacciones ante los distintos tipos de pérdidas

Cuando se pierde el vuelo

Por docenas de razones se puede perder un vuelo. El pasaporte vencido, igual con la visa, llegada tardía al aeropuerto, retardo o retención en la oficina de Migración, y otros motivos explican la pérdida frecuente de los vuelos.
La mayoría de las personas afectadas reaccionan indignadas, con pique y pesadumbre, mientras trata de culpar a otros.

Luego de cierto “relajamiento” asoman las llamadas telefónicas desde o hacia la ciudad del destino para informar que el viaje no fue posible, por haberse frustrado el vuelo.

No sobra recrear la anécdota del joven que nunca había montado un avión y le tenía un terrible temor a los vuelos. El susodicho debía viajar urgente a Estados Unidos, siendo urgente e inaplazable su viaje.

Vencida la hora del despegue, el padre del joven se acercó y le habló en términos muy duros, con la advertencia previa de que “todos tenemos un día para morir”.

La respuesta fue inmediata: “Sí Papi, yo sé que todos tenemos un día para morir, ¿pero yo le pregunto: y si hoy es el día del Piloto?”.

Cuando se pierde la energía humana

La pérdida de la energía por razones de salud y otras, provoca una reacción de temor e impotencia en el hombre y la mujer. Hace falta entonces la recuperación física, o una reacción mental de mucha vitalidad Para enfrentar con éxito el desafío que emerge solo, o la necesidad inmediata de subir una escalera, por ejemplo, si el padecimiento no es muy grave.

Cuando se pierde el empleo

Si se trata de que pasaron el rolo o una aplanadora “por ajuste de nómina” o prevención empresarial, la ocurrencia de algunos es resignarse diciendo: “mal de muchos, consuelo de pocos”.

De todos modos cunde la preocupación. “Hoy por ti y mañana por mí”, comenta alguien. A quien quedó cesante, se le “caen los palitos”: todos y cada uno de los compromisos emergen de repente como en una pantalla gigante.

Algunos cesanteados reaccionan “tirándose al muerto”. Otros no pierden tiempo y se “levantan” a buscar otro empleo, o algún picoteo, “en donde aparezca”.

Y otros que salen “a buscársela” como un auténtico “novio de la vaca”.

Cuando se pierde la razón

“Perder la razón” no es lo mismo que perder el juicio o la memoria. Se trata de una situación en la cual no valen explicaciones al afectado. Algo similar sucede con los fanáticos, con “amargue” en cuadritos. Peor es si media un fanatismo religioso, o una “sed de venganza” por estrechos vínculos familiares.

Cuando se pierde el ánimo

Perder el ánimo equivale a depresión relativamente, mientras llega la postración. Aunque perder el ánimo constituye una reacción ante determinadas y especificas situaciones o escenarios, persona que lo pierde cae en la defensiva, y sigue “bajando”.

Cuando se pierde el interés

Perder el interés por algún motivo es una consecuencia de un problema que puede ser provocado por una diversidad de orígenes. A tal situación, puede sucederle una subsiguiente, “por inercia”, con el posible derrotero de que la persona afectada pudiera resignarse o “desanimarse”.