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DesBacho de Prensa

Escrito por: Raúl Pérez

Pérdidas que hacen perder la paciencia.

Reacciones ante los distintos tipos de pérdidas

Cuando se pierden las llaves.

Lo primero es buscarlas en todos los bolsillos. A seguidas una pregunta de orden:  ¿Tú no has visto mis llaves?

La impaciencia crece. Se busca en una y otra mesa o espacio.

En las gavetas, en el piso, en la cama.

¡«Cuidado si el niño las botó»! No queda sin registro el pantalón echado al canasto de la ropa sucia.

Pudo haberse quedado en el carro.

Paralelo con la desesperante búsqueda, se va pensando  en que habrá que romper una puerta. O en que se llegará tarde a un compromiso.

Cuando se pierden documentos

No todos los documentos que se pierden caben en la cartera, ni en los bolsillos. Muchos documentos se pierden en el carro. Y  hasta en la misma casa.

Se dan los casos en que son sustraídos de algún lugar en que los guardaba su dueño.

En cualquier lugar, a quien se le pierden documentos reacciona airado, por los propósitos que deberá posponer. Lo mismo ha de pasar con las gestiones pendientes para las que buscó dichos documentos.

Quien pierde documentos llama y contacta a cuantas personas pueden obtener copias u originales.  Su reacción puede prolongarse hasta que encuentre los papeles perdidos.

Cuando se pierde la voz

También resulta desesperante la pérdida de la voz, siendo una forma de reacción inmediata de muchas personas. Poca gente se adapta con paciencia ante ese malestar limitante.

Otros lo toman con calma y “con suavena”. Se acostumbran a escribir lo que quieren expresar.

Cuando se pierde el juicio

Se dice que la gente “pierde el juicio” luego de una gran frustración, cuando comienzan a olvidarse las cosas y los nombres de personas amigas y conocidas.

Despectivamente se comenta que “se le va la guagua”, “botan la tercera”, o se le meten “emisoras de fuera”.

Si la situación no es grave, el propio afectado reacciona tranquilo. Incluso con frecuentes comentarios acerca de su situación.

 

Cuando se pierde tiempo

Una de las cosas más dañinas, aunque de menor impacto o lamento es perder tiempo. La persona incurre en el ocio.  Eso supone que pocos se dan cuenta de lo que cuesta el tiempo.

Cuando alguien sabe lo que cuesta el tiempo, le pesa mucho perderlo.

Y por eso reacciona no de buena gana cuando otra persona le hace perder el tiempo, o por razones antes mencionadas por las cuales no queda “de otra” que resignarse a esperar.

Perder la memora es distinto a perder el juicio, relativamente. Es decir la situación en que una y otra vez la persona no se acuerda con precisión de hechos, datos, nombres, etc.

Muchos apelan a los apuntes para evitar “peores consecuencias”.

Cuando se pierde la figura

La “figura” puede perderse por muchísimas causas. Una desbocada carrera con la boca, hambre, o ansiedad, comiendo sin medida, puede hacer perder la imagen y provocar obesidad.

La reacción es con frecuencia tratar de recuperar la figura perdida mediante ejercicios comunes o la ayuda del médico.

El embarazo es una relativa “pérdida” de la figura en las mujeres. Camisas anchas reflejan la reacción en una primera etapa, con resultados de más comodidad.  Menos frecuente es pretender aparentar que “no ha pasado  nada”. Pero el disimulo es pasajero.