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Conociendo a Cheddy García

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La primera y última vez que vi en vivo a Cheddy García, yo estaba haciendo una especie de pasantía en el equipo de Danny Alcántara en el Canal 5. ¡Sabrá Dios en qué año, pero no dudo que sean casi 18 años de distancia desde aquel día! Pues la cosa es que cuando la vi sentada en el área de recepción, con su humildad en el semblante, la saludé muy emotiva y la felicité, y le pregunté si había estudiado mucho para poder hacer esos personajes, pues yo tomé algunos cursos de actuación junto con la persona con quien andaba yo ese día.

 

Ella, me agradeció y me dijo que su talento era «inatos». Al escuchar «inatos» por «innato», comprendí que de verdad esta chica era una estrella: contra viento y marea su talento se ponía por encima de todo. Sin embargo, la persona con quien yo andaba no vio en ella el valor. Lo que hizo fue reírse –a sus espaldas– de su aparente ignorancia. Y yo, herida, además de defenderla, siempre pedí secretamente verla llegar muy lejos.

 

A las mujeres, y más si somos negras y pobres, se nos pone muy lejos la cosa. Cheddy García ha tenido que imponerse y levantarse una y otra vez ante cada desafío. Cheddy, que nació sin abolengo y sin cuenta bancaria, ha dado forma a su destino siendo perseverante y tomando pequeñas decisiones que parece que han sido para bien. Ha ido creciendo con cada nuevo reto y poco a poco ha dado forma a un mito: ¿quién no conoce hoy a Cheddy García?

 

Cada vez que esta mulata preciosa, alcanza un peldaño, con ella vamos todas las mujeres detrás. Las que por negras somos siempre vistas como «ideales» para hacer papeles de «sirvientas» y pobres, las que por ser mayores de cuarenta años somos mandadas a jubilarnos, las que por no tener un doctorado o una herencia se nos reduce. Pero seguimos luchando. Las que no tenemos nombre ni dinero. Las que compramos cada libra de arroz con el producto de nuestro trabajo y no tenemos que andar en un carro del año para saber que valemos por lo que somos y no por lo que tenemos.

 

A Cheddy que siga pa´lante, que nunca se le suba la gloria a la cabeza, que siga dignificando a la mujer dominicana. ¡Que si se cae, la levantamos!