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“Chichiguas que me llevan a las nubes”, de Avelino Stanley.

Escrito por: Karina Castillo

Esta novela, dirigida a jóvenes lectores, nos lleva a recordar nuestra propia infancia, las cosas que nos hacían soñar, así como nuestros anhelos más profundos.

La historia inicia con la sorpresa y confusión que contagia, lo que nos lleva a seguir leyendo tratando de comprender qué es lo que pasa.

El autor narra en retrospectiva, a partir de lo que sucede al personaje del abuelo al llegar a una cabaña de madera enclavada en la montaña, y enfrentar una situación aparentemente inverosímil en la que todo se ve como el color de las nubes y de la nieve: blanco. De allí nos lleva hacia su niñez, y usando un lenguaje coloquial, refleja los sentimientos más puros de un alma joven que tiene su mayor sueño: volar una chichigua o cometa “hasta alcanzar el cielo”.

Cada capítulo es introducido con una adivinanza que nos da cierta luz o expectativa y cuya solución a la misma, sirve para nombrarlo. Así nos encontramos con acertijos que tienen como respuesta la nieve, las palomitas de maíz, el viento, la cometa, entre otras.

Y hablando de esta última, través de las páginas del texto, podemos aprender de la jerga relacionada a este singular objeto, conocido en nuestro país como la “chichigua”, así como de algunas técnicas para hacerla volar mejor, y evitar perderla en las alturas. A su vez, el autor muestra aspectos de la vida en familia, las costumbres, y valores como la generosidad, reflejada en la actitud desprendida de la madre quien entrega su chichigua a su hijo cuando éste pierde la que tenía. Vemos también cómo este personaje descubre que “la maldad existe”, encarnada en unos jóvenes bromistas que se creían dueños de esta especie de arte.

Esta no es solo una historia costumbrista, sino también una especie de introspección, en la búsqueda de inspiración para alcanzar nuestras metas, que, en el caso del personaje principal, podría ser obtener algo que nos gusta o entretiene, superar sus limitaciones, o sencillamente creer que cualquier cosa es posible, hasta “estar en las nubes” y desde allí “observar todo lo que está abajo”.

Además, aunque “no todos los deseos se le cumplen a uno”, sí se puede crecer en el intento por lograrlos y aprender aún del fracaso. Pero también descubrir lo que realmente nos llena, así sea que tengamos que esperar porque, “hay deseos que tardan en llegar, pero llegan”.