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Árbol de pájaros, de Francisco Morales Santos. Premio Nacional de Literatura de Guatemala.

Escrito por: Karina Castillo

Árbol de pájaros, de Francisco Morales Santos, es un libro de historias llenas de belleza, con ricos detalles visuales y sonoros envueltos en una profunda emotividad y reflexión.

En ellas se destaca el personaje de Ixba, pero a la vez se muestran otros entrelazados que, en ocasiones parecen salir de sueños, pero en otras podrían ser fácilmente cualquiera de sus jóvenes lectores. Y es que la narrativa del autor los transporta, haciéndolos sentir parte de las mismas.

Algunas son narradas en primera persona, otras en tercera, pero todas cuentan con gran ternura y a la vez fuerza, como cuando dice: “Iba yo así andando, paso a paso, como queriendo ser más poderoso que el silencio”.

La capacidad de observación del autor va más allá de lo obvio, como en la carta que Rebeca le escribe a Ixba: “Cuando las personas pasaban por aquella parte del jardín…no pensaban en otra cosa que fotografiarse…sin ponerse de acuerdo, y el sol que ya se ocultaba…” Esa visión también se percibe al describir esa hora que “no es del día, pero tampoco de la noche, cuando el cielo muda su azul de un rato a otro”.

Asimismo, para Morales Santos una letra puede ser un personaje y a través de ella nos muestra lo maravilloso que es aceptarse. Nos cuenta además del “creador Rodrigo” y junto a él, podemos estar “inventando el mar”.

Para el narrador y poeta una imagen es sonido y viceversa. Tal es el ejemplo del grillo compositor que “puede nacer en una noche de luna o en el amanecer y viene bañado de rocío que es como música convertida en finas gotas”.

Pero otros que se levantan con el alba son los chivos, que “van al bebedero a lamerle la cara a las estrellas”.

Ese tiempo también es ideal para regalar una fiesta de pájaros a un cumpleañero, ya que “es muy fácil recoger cantos a esa hora”.

Nuestro autor recalca como a Ixba le gusta hundir su cabeza en los libros y escribir la palabra vida repetidamente con varios colores. Mientras que, en otro de sus relatos, Francisco Morales nos cuenta de cómo una niña crece y sus dibujos con ella. Aunque al final se lamenta que “las paredes nunca se puedan coleccionar”.

Por otra parte, en la historia de Saki “el sueño” se hace persona y le dice “estate quieto”, mientras los personajes de sus libros “rodeaban su cama embelesados”.

Aun así, todos los protagonistas de esta obra son un tanto intranquilos, como la perrita Diva, que se creía golondrina y aprendió que no lo era cuando “se tirooó” desde la azotea.

Las historias que conforman este libro pueden ser una fusión entre relatos y poemas que tienen en común el deleite, la empatía con el lector, y la oportunidad que brindan, al leerlas “con claridad”, de “diferenciar las voces de los grillos”, mecerse en las ramas de los árboles, perderse en el colorido de las flores o despertarse con “los pasos de los pájaros”.

Para disfrutarlas, hay que hacerlo con alma de niño. Y es que “a las personas felices no se les marchita el tiempo, más bien les esconde la edad”.