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Angustia o disfrute entre lo tecleado y lo publicado

Escrito por: Raúl Pérez

Lo escrito a mano, o manuscrito, muchas veces fue previo al teclado en “maquinilla”.

Al aparecer la computadora desplazó a la “maquinillla”, eléctrica o manual.

Este novedoso instrumento tecnológico posibilita incluso “sacar” directamente el texto, listo para el proceso de impresión.

En cualquier caso, a mano, a maquinilla o mediante la computadora, lo cierto es que allí plasman los autores sus ideas, criterios, relatos, los conocimientos, las investigaciones, así como todo lo que puede crear el vuelo de su imaginación.

Tan variada es la gama, como tan amplio es el abanico de los que se vuelca sobre el papel haciendo periodismo, escribiendo columnas, produciendo literatura, creando poemas y cuentos, o redactando ensayos, etc.

Ahora bien, en todas las esferas, no resulta lo mismo concebir lo que ha de escribirse que confrontar lo escrito, especialmente luego de ser publicado.

Específicamente durante lo escrito y lo publicado media un tiempo de espera en el autor, cosa que le genera ansiedad, la cual llega un punto culminante cuando se lee lo publicado, respecto a su contenido y su presentación.

Puede existir la mayor confianza en el “componedor”, (término superado por “digitador” o “digitalizador”. Por igual, confianza en el impresor.

Pero aún con supervisores o entregando lo escrito al “cuidado” de editores profesionales, lo cierto es que rige un fenómeno de ansiedad, que va subiendo hasta encontrarse con el periódico, el folleto, la revista, el libro, o la publicación que sea.

Se registra una especie de cuenta regresiva hasta llegar al punto cero, en que comienza a disfrutarse lo bueno y a sufrirse lo malo. Es decir, se si cree que ha hecho un buen trabajo, comienza la expectativa sobre lo que dirán los críticos y los lectores en general.

Esta expectativa ante el juico sobre la lectura de lo publicado rige igualmente por los aspectos negativos, incluso de forma, que tenga la obra, el estudio, o el artículo.

Si un concepto no quedó bien expuesto, o se omitió algo importante, la comidilla no pasará en breves días, lo mismo que si sucede con aspectos de detalles, que restan “presentación” al trabajo publicado.

La inquietud cunde y sube de temperatura cuanto más grave o “imperdonable” resulte el error u omisión.

Pero paralelo, a fin de cuenta comienza el disfrute de la publicación, bajo el “consuelo” de que “no todo está perdido”.

Cual que sea el destino o las reacciones ante lo escrito, ese es otro proceso que comienza.

No obstante, en ese momento el autor vive la satisfacción de ver plasmada su idea. O la angustia de ver su proyecto afectado o corregido lo logrado.

Estaría por verse si el autor queda lo suficientemente optimista para emprender nuevos trabajos editoriales en lo inmediato.