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A ver si actualizamos la Navidad

Escrito por: Fuáquiti

Artículo de Sergio Forcadell

Ustedes podrán pensar todo lo quieran sobre lo que voy a decir, pero no puedo aguantarlo más: ya estoy cansado, harto y aburrido de que la Navidad siempre sea la misma y que, además, no se actualice de acuerdo con los tiempos que corren y a la sociedad en que vivimos.

Llega noviembre y ya comienzan con los mismos villancicos de siempre…que si de la loma venimos…¿no saben que ya la población del campo es solo el 30% y de donde viene ahora es de las ciudades?….

Que si Belén, campanas de Belén… ¡pero si en esas tierras santas las gentes están a las greñas desde hace un paquete de años, las campanas las han cambiado por sirenas de alarma, tiros, lanzamientos de cohetes y morterazos! …

Que si a las arandelas de mi corazón! ¿desde cuándo ese delicado y vital órgano tiene esas piezas metálicas? ¡es un absurdo!

¡Que si los peces beben y beben en el río…! ¡por favor! ¿y dónde van a beber? ¿en el desierto o en un rascacielos?

¿Es que no se puede renovar el repertorio musical con algo más novedoso, con música de rap o un hip hop navideño, y letras más coloquiales del habla de ahora? algo así como ya- t´amo – en navi – da- buen tiempo pa´ chateá- coge ‘pacá’ – que con el coro del ‘jevo’ Santa se va a ‘goza´ ¡No me digan que esta letra no está más al día!

¿Y el lío de los Reyes Magos, el Papá Noel, el Santa Claus, el San Nicolás…? Ya uno no sabe quién es quién en la competencia de enviar regalos, unos volando con los renos como si estos tuvieran turbinas traseras, otro bien gordo de risa grosera entrando por las chimeneas estrechas y sucias de hollín, o transportando los presentes en las incómodas jorobas de los camellos ¡A ver si tenemos un poco de lógica, señores! Ahora hay servicios expresos de entrega puerta a puerta muy efectivos.

Y eso de felicitarnos a cada momento, ¡oye Fulano, felicidades! ¡oye Mengano! ¡felicidades! Zutano, ¡felicidades! ¡Claro!, como los parabienes son gratis, los repartimos por aquí y por allá a granel. Si las felicitaciones se desearan acompañadas de un billete de mil pesos veríamos qué tan generosos somos, ¿por qué no nos felicitarnos también por sobrevivir a los tremendos calores de agosto, por llegar a casa sin ser atropellados, o por pasar con innumerables dificultades económicas el difícil mes de enero?

Y el asunto de armar los belenes o los arbolitos colgando bolas, cajas vacías y cientos de luces titilando con lo cara y escasa que está la energía, luego se quejan de lo altas que llegan las facturas eléctricas en noviembre y diciembre.

¿Qué culpa tienen los abetos nórdicos que, de seguro, no existían en la Palestina de entonces, para que los corten por millones cuando el planeta necesita más que nunca depurar el aire contaminado?

Después llega la cena de nochebuena y la comida de Navidad, y ahí estamos fajados, tragando como verdaderos glotones platos y más platos por aquí, libando bebidas y más bebidas por allá, dulces al por mayor y detalle, es como si nunca en la vida hubiésemos comido pollo, cerdo asado, pavo, pasteles en hoja, moro de guandules, ensalada rusa, lerenes, gomitas…parecemos presos recién liberados que estamos recuperando treinta años de privaciones, después nos preguntamos de dónde vienen las diez libras de más que tanto nos afean.

¿Y eso de tener que regalar cada vez a más a todo el mundo?,  menudo compromiso de dinero, un obsequio al amigo, al jefe, al primo, al vecino, al sereno…hasta a la mamá de una prima tercera de la mujer que hace quince años nos visitó por media hora. ¡Estos comerciantes y publicistas qué listos son…!

Bien, ya se me pasó el efecto etílico de los muchos ponches que me tomé para celebrar con la familia ¿saben? ¡qué buena es la Navidad de siempre, la tradicional, la añeja! ¡Qué sean felices! ¡Muy felices!