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DesBacho de Prensa

Escrito por: Raúl Pérez

Entre una pérdida, la otra y la siguiente (Fin de la serie)

Cuando se pierde una oportunidad

De oportunidades depende el futuro, la estabilidad o las expectativas de mucha gente.

Decir que las oportunidades son calvas recrea el mensaje de que deben aprovecharse.

Más que auto cuestionarse la propia persona que pierde “un chance”, la tendencia es echarle la culpa a otro.

A los “culpables” se les pide “cuenta”, o se les pone en una “lista negra” secreta del perjudicado.

Perder la paciencia  

Perder la paciencia es también resultado de hechos y situaciones ajenas a la voluntad individual.

Al momento de perder la paciencia comienza la desesperación, en mayor o menor grado.

Más allá de la desesperación cambia el humor, “se pierde tiempo, o lo más por lo menos”.

La distracción con lo menos pensado es una “solución” con frecuencia instantánea.

La cartera con dinero y documentos

En esta época, una pérdida frecuente de la cartera es debida a un atraco, o cuando se es víctima de un “carterita” avispado, expresión del “tigueraje” en todos los calibres al que hemos llegado. El pillaje ocurre con frecuencia sin que la víctima se percate.

El despojado se toca todos los bolsillos varias veces en el primer minuto, mientras piensa quién pudo ser el culpable si viajaba en un carro público o asistía a tal o cual actividad. Ya no se respetan velatorios, espectáculos artísticos, tampoco los deportivos, actividades religiosas ni de ningún género.

Mientras tanto, la memoria registra un rastreo relámpago de los distintos lugares donde pudo ocurrir el despojo.

Algunos piensan en el trayecto del “carro público” ocupado.

Otros se remontan a los lugares visitados minutos antes. En vez de llamar, se tiende a regresar y preguntar si “por casualidad no se dieron cuenta”…

Simultánea, la mente ágil recrea los documentos perdidos, entre otros: las tarjetas de débito y crédito, la licencia, el seguro, etc.

Si había papeletas se cuantifica el monto del dinero, su destino de consumo, y cómo reponerlo en el más breve tiempo.

Se cuenta la historia de unas fiestas patronales de “apaga y vámonos”, donde se perdió la cartera de alguien, que se percató a los pocos minutos del “tumbe pacífico” de que fue víctima.

El “cartereado” atinó de inmediato a poner un aviso en una  popular emisora local, pero alegando que se trataba de una pérdida callejera y no de un robo.

El aviso público de radio transmitido puso énfasis en que, aparte de dinero, la cartera tenía unos documentos y fotografías.

Terminó diciendo que quien encontrara la cartera podía quedarse con los documentos. Pero que hiciera el favor de devolverle el dinero, que era “un recuerdo de familia”.

Cuando se pierde la vergüenza

Perder la vergüenza y la moral es una expresión individual del impacto de la degradación o involución de valores que marca una sociedad.

En ese proceso degenerativo poco importa a un individuo la crítica familiar, del amigo o del vecino. Se responde en los hechos, pensando  que esta es la sociedad del “na e na” y “to e to”, o del “sálvese quien pueda”.

Cuando se pierde la vida

Ahí mismo termina la película para el protagonista de esta serie.