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Thimo Pimentel

POR: Luis Reynaldo Pérez

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¿Recuerda Thimo Pimentel el momento en que decidió dedicarse a las artes plásticas?

Vivía a una cuadra del Palacio de Bellas Artes y visitaba las aulas como oyente, los profesores me lo permitían. Ahí me deslumbró Gilberto Hernández Ortega, primo de mi madre y el inmenso Pol (Paul Giudicelli). Sin dudas que esas visitas diarias fueron el caldo de cultivo apropiado para reafirmar mi atracción por el dibujo y las artes.

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Háblenos de su infancia, de su ambiente familiar, del barrio…

Mi infancia orbitó en los litorales de Güibia, en el barrio de la Cayetano Rodríguez, donde hacíamos mucho deporte en el solar del Iberia, muchos amigos, nadábamos en la playa, jugábamos polo en bicicleta, beisbol, maroteábamos, aprendimos a bailar son y guarachas en el Paraguas de Güibia éramos más de veinte amigos de barrio. Éramos felices y no lo sabíamos.

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¿Qué significado tiene para usted haber sido alumno de Paul Giudicelli?

Un privilegio, y un inmerecido honor de que me permitiera estar a su lado, yo era muy joven y la personalidad de Pol siempre me atrajo reafirmando mi inclinación por la investigación matérica y la cerámica. Orlando Menicucci era otro de los preferidos de Pol.

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Usted hizo una carrera como médico, ¿le robó el dermatólogo tiempo al artista?

No lo creo, el arte y la fotografía fueron herramientas claves para el estudio de las Ciencias de la Salud y a la vez nutrieron mi diseño. La medicina, en especial la parasitología, fueron responsables de convivir con mi “bestiario” personal y nutrir mi dibujo. Dibujé mucha anatomía y disfruté siempre los dibujos “a dos manos” y con tizas de colores de mi profesor de embriología el doctor  Pérez Plácido.

 

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Usted fue un testigo de primer orden de la Revolución de Abril, cuéntenos de su experiencia en ese acontecimiento.

Era un aficionado serio de la fotografía y con otro compañero, Juan Luis Duquela Barón, habíamos planeado pasar dos o tres meses festejando nuestra graduación como médicos y tomando fotos y para eso habíamos adquirido mucho material para procesar las fotos y el hecho de la Guerra de Abril nos sorprendió con nuestras gavetas llenas de rollos de película, líquidos para revelar y copiar, más tres cuartos oscuros disponibles para procesar las fotos. Yo ya trabajaba para la Revista Ahora y la Revista Time &Life y tenía las acreditaciones necesarias para moverme. Tenía apenas 24 años y acababa de recibirme de médico. A la distancia considero una irresponsabilidad haber salido a buscar una bala perdida, haciendo fotos cada día, con cámaras análogas de rollo, luego de que mi padre invirtiera en mí sus mejores años para formarme como médico.

Con 24 años nos creíamos inmortales, pero morir a los 24 años, recién terminada una carrera tan demandante, hubiese sido la consecuencia de esa irresponsabilidad

 

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¿Cómo cree Thimo Pimentel que será recordado cuando ya no esté entre los vivos? 

No me imagino….Ya no habrán calles para ponerle mi nombre, los corruptos y falsos héroes se las habrán cogido todas, las estaciones de metro honrarán a políticos ladrones y dueños de bancas de apuestas, a senadores y diputados, a los tránsfugas, a cantantes de música urbana… Posiblemente alguien encuentre una Revista Ahora “en la nube” y vea Mi Nikon y Yo en las páginas centrales y le aflore una sonrisa….si así lo hace, me haría muy feliz en el purgatorio y esa sonrisa posiblemente condone parte de mi pena para poder estar con los que se fueron y tanto amé.

 

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