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Manuel Mora Serrano (no.50)

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Lenguaje gráfico: Cristian Hernández

En esta primera semana de septiembre, el escritor Manuel Mora Serrano (o Manolito, como le decimos quienes le queremos), cumplirá 83 años. Ujú, como se oye. Nació en 1933, lo que quiere decir que ha sido testigo de todos los buenos y malos gobiernos desde Trujillo para acá. Y de los buenos y malos poetas. Pero de esos, Manolito sabe más… porque se ha leído todo lo que le ha pasado cerca. Bohemio y buen amigo. No solo de sus amigos, también del buen vino y de la buena literatura. Celebremos la vida y la obra de Manolito, poeta, novelista, columnista de opinión, investigador literario y abogado.

1. ¿Cómo llega usted, en un pueblo como el Pimentel de sus años de juventud, a tener ese despertar literario?

MM: No olvides que mi pueblo, Pimentel, era un pueblo de muchos burgueses y de diversas nacionalidades y que nací en una época donde todo el mundo recitaba. Mi madre era profesora del campo de Campeche, pero era una lectora apasionada de novelas.

 

En las escuela todos sabíamos poemas de memoria y era obligatorio decirlas de memoria y dramatizarlas, de modo que ahí tienes el origen de mi amor por la poesía… amén de que desde los diez años me enamoré, y quise escribir poesías.

 

2. ¿La gente tiende a creer que la «cultura» como ampliación de fronteras intelectuales es solo para poetas y músicos. ¿De qué manera la vida sencilla de la gente es parte de la cultura de un pueblo?

MM: Como te decía: desde siempre –y no sé si lo trajo Hostos o lo impuso Salomé y lo confirmó luego Pedro, su hijo, cuando fue            Superintendente de Educación durante Trujillo–, pero hasta las prostitutas tenían álbumes con poemas, y las letras de las canciones populares también tenían cierto sabor poético. Creo que falta que de nuevo en la escuela y en los actos se recite, como se hacía por radio y televisión en otros tiempos.

 

3. ¿Y qué se gana metiendo la poesía en las escuelas?, ¿de verdad eso hace mejor a la gente?

MM: La belleza es un vicio hermoso. El más hermoso del mundo, y el poeta es un transmisor de belleza. Creo que tenemos personas más insensibles y más burdas y más violentas por no tener en su interior esos gramos de belleza que apaciguan el alma y enternecen.

Creo que las gentes, durante la dictadura, no era mejores por el trujillismo, sino por la poesía y, en la escuela, es donde se debe empezar a sembrar ese amor por lo bello en el alma del niño que mañana será el hombre y el padre del futuro… y, a su vez, instalará en el alma de sus hijos esa simiente hermosa.

 

4. Quien conoce su trayectoria, sabe que usted ha conocido a varias generaciones de escritores. ¿Cuándo ha sido el momento en que considera que la literatura dominicana ha brillado más?

MM: Es curioso y, quizás, maligno decir que durante las dictaduras de Lilís y la de Trujillo aparecieron las voces más robustas de nuestra literatura. Quizás porque la rebeldía del poeta precisa de estos aires turbios para manifestarse. No quiere decir que en el interregno del 1901 a 1930 no aparecieran poetas distinguidos y movimientos como el Postumismo y el Vedrinismo, pero esos mismos poetas fueron reconocidos y apreciados más tarde, durante el Trujillato. Desgraciadamente ha sido así en nuestra historia.

 

Un detalle interesante: a fines del siglo XIX aparecen, no solo Fantasías Indígenas, El Enriquillo, las Poesías de Salomé Ureña (cuando ella no era de Henríquez), sino también Cosas Añejas, y las primeras antologías, entre otras obras importantes. Y durante el Trujillato aparecen los Cuadernos Dominicanos de Cultura, Ágora y la Poesía Sorprendida, publican [Juan] Bosch, [Pedro] Mir, [Tomás] Hernández Franco, [Héctor] Incháustegui Cabral… ¡Casi Nada!

 

Otro detalle es la existencia de muchas revistas culturales y de suplementos literarios en los diarios y la publicación diaria de algún poema, por ejemplo, en El Caribe. Algo de eso siguió después, pero el odio a la poesía es lo que no entendemos, nadie… ni siquiera los suplementos actuales destacan a los poetas.

 

5. ¿Hubo un tiempo en que los poetas vendían sus poemas en los mercados?

MM: Claro, el primero fue Juan Antonio Alix en el Mercado de Santiago y luego [Domingo] Moreno Jiménez iba por los pueblos dando charlas y leyendo poemas en las escuelas y recolectando, vendiendo sus libros para vivir y algo parecido, aunque para otros fines bohemios, hizo Luis Alfredo Torres.

 

6. Manolito, en su época de fiscal en la Era de Trujillo, ¿cuál ha sido lo más tenebroso que tuvo que manejar con un sistema del que usted no era partidario?

MM: No fui Fiscal, fui Fiscalizador tanto en Pimentel, Villa Altagracia como en Mao, y solo tratábamos casos de simple policía y correccionales. Fui Juez de Instrucción después de la muerte de Trujillo, y Juez de Paz en mi pueblo durante la Era, pero solo recuerdo un incidente en Mao, y fue cuando quisieron encerrar, tanto allá como en otras partes, a las prostitutas por estar enfermas cuando el Código Sanitario era claro, que eran enfermas y había que enviarlas al hospital. Y yo siempre hice eso, ellas no eran las culpables, sino los hombres viciosos y a esos no se les perseguía. Tuve problemas con inspectores de sanidad.

 

Te voy a contar algo curioso. Durante el Trujillato a los jefes de oficina se nos preguntaba qué empleados queríamos cuando había vacantes y debíamos enviar una terna. Muerto Trujillo eso se quitó y mandan a quien les dé la gana y eso no ha cambiado desde entonces.

 

En cuanto a los problemas era que los médicos o los inspectores de sanidad le cobraban a las prostitutas para examinarlas y, una vez, nos enviaron dos sanas dizque por estar enfermas, las envié al médico legista y dijo que estaban sanas y las descargamos. Cuando las descargamos se armó tremendo pintigó, pero me dieron la razón en la Secretaría de Estado de Justicia de la época.

 

Por cierto, el Fiscalizador es el Fiscal del Juzgado de Paz. Fiscal se le dice al Procurador Fiscal del Distrito Judicial.

 

7. ¿Tuvo usted algún vínculo político en contra de Trujillo o en los Doce Años de Balaguer?

MM: Durante la Era me cancelaron y, aunque publiqué un poema comprometedor, nadie iba preso por eso en ese tiempo y me lo publicaba el periódico del gobierno. Por lo bajo aún siendo funcionario, hablábamos mal del gobierno… pero no podíamos expresarlo en público. En los Doce Años, a pesar de mi amistad personal con Balaguer, fui a la cárcel y mantuve una posición radical por los periódicos, especialmente El Nacional y, después de apoyar a Jorge Blanco y sufrir la gran decepción, le acepté un cargo a Balaguer… mi viejo amigo personal.

 

Ah, siendo Fiscalizador en Mao, era íntimo amigo de los catorcistas que cayeron presos, incluyendo mi barbero y a Fulvio Felipe, una vez que le hicieron un acumulo, arriesgué la faja, diciendo que merecía salir libre si pagaba una multa que se le impuso.

 

Provoqué el despido porque no se le podía renunciar a Trujillo, y estaba harto de lo que pasaba. Me di un jumo de leyenda en Mao, y por eso me cancelaron, pero luego me nombraron Juez en Pimentel… Cosas de la tiranía. Me nombraron sin pedir el cargo y, por suerte, lo mataron a los pocos meses. Hasta tuve problemas por la policía y se me hizo un expediente. El problema fue con la policía por unos presos, pero casi no me acuerdo del lío.

 

 

8. ¿A nivel de investigación histórica literaria, ¿cuál ha sido el hallazgo más significativo en su práctica de buceo por el pasado?

MM: ¡Creo que dos: demostrar en un libro inédito que el Modernismo comienza aquí en 1894 y no a principios del XX, y demostrar que no existió el vedrinismo de [Otilio] Vigil Díaz, sino que el autor es Zacarías Espinal en 1926.

Zacarías Espinal nació en San Cristóbal en 1901 y murió en 1933 de una sobre dosis de morfina y yo hablo extensamente de él en mi libro Postumismo y Vedrinismo Primeras Vanguardias Dominicanas (Editora Nacional, 2011).

 

9. ¿Su más grande satisfacción en su vida literaria?

MM: Realmente uno nunca está satisfecho con lo que hace. Quizás uno de mis mayores placeres fue conocer a Pablo Neruda y darle las manos en 1970 en Venezuela, en un encuentro de la Comunidad Latinoamericana de Escritores en Puerto Azul, Naiguatá.

 

10. ¿Cuáles nuevos proyectos tiene en las manos?

MM: En cuanto a mis trabajos y proyectos están varios que quizás no viva para concluir: una historia de la literatura dominicana en tres tomos, ilustrada, rechacer mi Español 6 de Disesa con novedades y correcciones, otra edición de las Vanguardias puesta al día, el libro inédito sobre el Modernismo y el Criollismo a fines del Siglo XIX y, naturalmente, mi novela La Luisa que quisiera publicar con sus 719 páginas este año… Pero nunca acabo de corregirla.

 

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