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El Pequeño Caracol

Escrito por: Fuáquiti

Lenguaje gráfico:

 

Un grupo de niños jugaba en la orilla del mar.

El pequeño caracol preguntó:

 

—¿Quieren ser mis amigos?

 

Ellos, sorprendidos, respondieron con alegría:

 

—¡Claro que sí!

 

Pedrito, era el más pequeño, miraba con curiosidad: “¿Será posible que un caracol hable? —Se preguntó—.

 

El caracol sonriendo le dijo:

—Sí, amiguito. Hablar, hablar, no hablo, pero me comunico con ustedes. Mi boca no se mueve, pero a través de nuestros ojos, podemos comprender lo que pensamos y sentimos, porque  “los ojos son el espejo del alma”.

 

El Cumpleaños de papá

Por María Josefina Jiménez (Nina)

 

Hace dos meses, celebramos el cumpleaños de papá y nos fuimos a la playa. Papá se veía muy feliz.

 

Al principio estábamos muy contentos, porque todo se veía muy bonito y tranquilo. Entramos a la playa y nos pusimos a jugar en el agua.

 

Después de un rato, todo se oscureció. Escuchamos la voz desesperada de mamá que decía:

 

-¡Salgan rápido, que anunciaron tormenta!

 

De inmediato, salimos del agua con mucha pena, pero debimos obedecer a nuestra madre.

 

Mamá y papá recogieron rápidamente todas nuestras pertenencias y nos resguardamos en un restaurant cercano al lugar donde estábamos. Allí vimos caer árboles, estremecerse todo… hasta que poco a poco, fue llegando la calma.

 

¡Qué susto pasamos con los truenos y relámpagos! La brisa movía de un lado a otro lo que encontraba sin proteger. El mar se puso muy bravo, produciendo un gran oleaje.

 

¡Oh!  ¡Qué momento más difícil!

 

Cuando todo se calmó, nos fuimos al carro e inmediatamente salimos hacia nuestra casa. ¡Qué tremendo susto pasamos!

Cuando voy al doctor

Por María Josefina Jiménez (Nina)

 

Voy al doctor cuando estoy enfermo,

pero también voy cuando no lo estoy.

Mi madre me dice: “Hay que prevenir,

y si es necesario, debemos de ir”.

 

Cuando estoy enfermo, el doctor es bueno.

Después que me ve, me siento mejor.

Me chequea, me pesa, me revisa entero…

Si lo necesito, él me da remedios.

Le dice a mi madre qué debo tomar,

¡Yo con tanto amor, me voy a sanar!

¡Soy diferente!

Por María Josefina Jiménez (Nina)

 

Mientras jugaba con su hermanito, Teresita se quedó sorprendida.

 

La niña preguntó a su mamá:

 

—¿Por qué Carlitos tiene ese puntito cerca de la boca, igual que yo, mami?

 

—Ese puntito es un lunar: Es como una marca que casi todos heredan en la familia de tu papá.

 

—¿Cómo? ¿Entonces somos iguales?

 

—No, Teresita. Como familia ustedes son parecidos, pero cada uno es diferente. Mira a Carlitos: Él es varón y tú eres una niña. Él es tranquilo y tú eres inquieta. A Carlitos le encanta la leche y tú nunca quieres…

 

—Ya lo entiendo, mami. No somos iguales. Somos parecidos, aunque diferentes.

Abejita

Por María Josefina Jiménez (Nina)

 

Vuela, vuela abejita

Llévate al panal el polen

y junto a tus hermanitas

rica miel ve a preparar.

 

En las flores de los campos,

llenas de hermosos colores,

siempre, siempre

encontraremos

polen rico, rico polen,

que tú vas a aprovechar

para darnos miel sabrosa.

 

El cangrejo y su madre

Por Esopo

—No andes atravesado y no roces tus costados contra la roca mojada,   —decía una cangrejo a su hijo.

 

—Madre, – repuso éste,         —tú, que quieres instruirme, camina derecha y yo te miraré y te imitaré.

 

Moraleja:  Antes de dar un consejo, primero da tú el ejemplo.

 

La Pared y el Clavo

Por Esopo

¡Tap! ¡tap! ¡tap!…

 

Un albañil golpeaba los clavos para introducirlos en el muro y asegurar con ellos unas maderas.

 

En esta labor, el martillo se alegraba de lo mejor, porque sin su concurso los clavos no se introducirían en la pared.

 

Un día, que el albañil golpeaba un clavo, la pared le dijo a éste:

 

—Basta, ¡abusivo! ¿Puedes decirme por qué me agujereas sin piedad? Recuerda que jamás te causé daño alguno.

 

El clavo, sorprendido por esta reacción no esperada, se explicó:

 

—Observa que no soy yo quien te lastima, sino el martillo que golpea, sin descanso, mis espaldas y yo no me quejo de sus golpes.

 

Moraleja:  A mal tiempo buena cara.