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Entre Lucas y Juan Mejía

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Así está la educación dominicana. Lo que no sabemos, en una recta numérica, es qué valor tiene Lucas y qué valor tiene Juan. Solo hay que visitar las escuelas públicas beneficiarias para saber lo que significa un almuerzo.

Sí, hay todo tipo de carencia. Pero lo que más dificulta la educación dominicana es la falta de preparación de la comunidad docente. La formación continua y el relevo de las maestras y los maestros es una tarea urgente. ¿El mal es endémico?  Arrastramos problemas de formación desde que fuimos formados en la escuela. Y eso sale a flote en nuestro desempeño profesional. Y eso se está reproduciendo en las aulas dominicanas.

Ser buena persona o tener las mejores intenciones, no es suficiente. Necesitamos un plan de formación urgente para nivelar el ejercicio magisterial. Y, para ello, todas las instancias públicas y privadas han de ponerse de acuerdo.

Nadie duda que un grupo profesional como el magisterial, ha de tener un salario que haga brillar los ojos. Quien ha dado una sola clase en su vida, sabe cómo acaba el cerebro cuando uno sale de un aula, de dar solo 45 minutos de clase a 20, 30 o 40 cabecitas que hablan, chillan, se niegan a cooperar y a cumplir responsabilidades. Y encima, se tienen que transferir competencias y garantizar una buena educación. Rendir informes. Lidiar con todo. Eso no es paja e’ coco.

Pero quienes nos dedicamos a este trabajo, debemos revisarnos. Quienes más podemos influenciar a los estudiantes –después de las madres y los padres– somos los maestros y las maestras. Y nuestro rol ha de ir puliéndose en la medida que aprendamos más y crezcamos como profesionales: aprendiendo más, leyendo mucho y teniendo fe en lo que estamos haciendo.  La inversión mayor que debe hacer el Estado dominicano, es en la formación de los maestros.

El tira y jala del sindicato de maestros no va a terminar porque esa es su razón de ser. Para eso son los sindicatos. Los maestros deben tener las garantías de acceder a lo que tienen derecho. Ahora bien, independientemente de las huelgas y otras reliquias, el Ministerio de Educación ha de concentrar sus esfuerzos en sacarnos de este hoyo con un plan estratégico de formación docente en el que la animación a la lectura y la escritura sean primordiales. Pues de estas competencias básicas, dependen todas las demás.

Lo que pocos asocian con la delincuencia que quita la vida a buenos y hace prevalecer a los malos, lo que nos llena de rabia y nos frustra, es la falta de educación, que se traduce en un estado de conciencia infantil, en la prevalencia de la violencia como recurso para conseguir lo que se quiere y en ponerse en la fila de quienes tienen pocas oportunidades. Al margen de los criminales de cuello blanco, que educaditos y encorbatados, acaban con medio mundo.