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El juidero

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No hablemos de etimología. Hablemos de paleta de colores porque las manifestaciones verdes de repudio a la corrupción y a la impunidad es un tema para buscarle la raíz, no a la palabra origen, sino a lo que origina el reclamo de la sociedad. ¡Qué bien lo aprovecha la oposición y qué bueno, pues ese es su trabajo (y bien que lo sabría aprovechar el PLD si no fuera gobierno)!

 

El tema consiste en que subestimar el empoderamiento de la sociedad es un error. Como también es un error –o mejor dicho un herror para ponerlo más terrible– recurrir a campañas de comunicación para enfrentar un problema de este tamaño. Y esto no se resuelve con lenguaje. No se resuelve con artículos de prensa que analizan frívolamente un hecho.

 

Los problemas se enfrentan con decisiones que hablen solas. Con hechos, consecuencia de dejar rodar las cabezas que haga falta. En muchísimos países hemos visto funcionarios que, ante un escándalo de corrupción, dimiten o se les hace dimitir. Es menos dañino para la imagen del Gobierno. Como lo sucedido en el CEA. Con el escándalo, se cambió la dirección.

 

Pero la corrupción va más allá. No es solo el Gobierno. En las empresas privadas también hay corrupción. Dicho de otro modo, para más señas, comisiones secretas que sobrecargan un 5% (o más) del valor real cotizado para darlo por la izquierda a quien hace de encargado de compra. ¿No lo sabía? ¡Pues entérese usted también ha sido corrupto! ¡Y cuando usted esconde dinero a su esposa, también está siendo corrupto! ¡Y cuando reclama el pago de una hora extra que no trabajó también está siendo corrupto!

 

«No nos hagamos los tarugos», como diría María Expropiación Petronila Lascuráin y Torquemada de Botija, pero conocida como La Chimoltrufia. ¿Se acuerdan de La Chimoltrufia quienes nacieron más para allá que para acá? Pues es lo mismo para todos los que se desempeñan en la función pública. Que no nos hagamos los tarugos. Pues producto de esa falta de control, encima, es que se recurre a procedimientos de compra burocráticos que desfavorecen un desempeño eficaz en los distintos ministerios, pero buscan cerrar toda posibilidad de corrupción.

 

Esto no es misa, pero «hermanos míos» hemos de pensar seriamente en hacerle frente a todo rastro de corrupción donde quiera que esta se dé. Porque la corrupción se hace efectiva por muchas vías (para eso el ser humano es creativo). Practicamos la corrupción hasta cuando metemos a trabajar a un amigo en una empresa, en vez de darle ese empleo a quien tuviera mayor merecimiento (pero no tenía un amiguito).

 

El pueblo está tomando cada vez más conciencia de su capacidad de gestionar. Pero falta mucho todavía. Marchar es bueno. Marchemos. Pero además de marchar y dejar el registro en la memoria histórica, hay que lograr cambios estructurales con demandas concretas. Pedir el cese de la corrupción y de la impunidad está buenísimo, como panfleto, pero aún lo consideramos una demanda vaga… Algunas personas quisiéramos ver cómo el discurso se va centrando en alcanzar demandas concretas, muy concretas, que pudieran hacerse posible ya. ¡Y cuando decimos ya, es ya! ¡Queremos consecuencias lógicas… pues lo de Erredé está demasiado surreal!