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Editorial 8 de marzo 2018

POR: Fuáquiti

En una hermosa playa del Este, de arena blanca y aguas cristalinas, Carmen (nombre ficticio), joven bartender, blusa blanca, mini falda negra, nos atiende con esmero, reconozco su buen servicio, pido una piña colada, -¿con o sin alcohol?- pregunta con amabilidad, aparenta veintiocho años, por gentileza le digo que tiene veinte y tres (siempre a las mujeres hay que quitarle cinco años), señala que va a cumplir diecinueve; me sobrecoge el estupor y vergüenza ajena,y ante mi incredulidad muestra su cédula, -Don, mi vida no ha sido fácil, me crie con mi abuela, mi madre trabajaba en la zona franca, a mi borracho padre lo vi dos o tres veces; tengo dos hijas de padres diferentes, la primera la tuve a los trece años, con un delivery, otro joven, tres años mayor que yo, nunca más supe de él, luego me mudé con un marino, al que abandoné por los celos y por los golpes que me daba.

Hoy sus hijas las atiende su madre, quien está sin trabajo, porque la zona franca en la que laboraba se mudó a Vietnam.

Carmen es hoy una de las miles de jóvenes madres solteras, con una niñez y adolescencia, carente de afectos y juguetes; a sus trece años, en vez de peinar y jugar con una muñeca, lo hizo con sus hijas, y justo hoy, Día Internacional de la Mujer, nos acongoja la noticia de que encabezamos los países del Caribe en embarazo de adolescentes, y a nivel mundial solo estamos detrás del África Subsahariana, una verdadera tragedia. Estar detrás de África debe entristecernos, llamarnos a una profunda reflexión y acción, ¿en qué selva estamos viviendo? los organismos internacionales están alertando, nuestra sociedad no puede seguir así. Este círculo de drama humano tiene que terminarse.Padres y madres irresponsables, esclavos de Baco, bebedores de romo y de los juegos de azar, autoridades que alardean una república digital, iglesias metidas en sus cuatro paredes y en su molicie económica, con discursos rancios, desconectados de la realidad, e hipócritas, serán los responsables ante Dios y ante su pueblo de este caldo de futuros delincuentes, atracadores y feminicidas. Después no nos lamentemos y repitamos que estamos ante una pérdida de valores, porque eso pasará si no hacemos ahora, lo que nos corresponde con nuestros niños y niñas. Exijamos el cumplimiento con todo rigor de las leyes sobre la protección a nuestros niños, niñas y adolescentes. Es posible invertir en una educación sexual donde los valores espirituales y la ciencia vayan de la mano; ejemplos y experiencias hay. Desde Fuáquiti esta vez en serio, hacemos un llamado vehemente a las autoridades, iglesias y sociedad civil a mirar este drama con la importancia que amerita; nuestros niños y niñas deben ser protegidos. Como nación, estos son nuestra mayor riqueza, aprendamos de Finlandia. Carmen, esa dulce e infantil voz, con ojos esperanzados, esta niña en un cuerpo envejecido, me saca de estas cavilaciones, me pregunta con alegría contagiosa. ¿Señor otra piña colada?