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Diario de un favorecido 1 DE NOVIEMBRE DE 2018

POR: Cosme Peña

Con el peculiar estilo que le caracteriza el expresidente Hipólito Mejía ha dicho, en la entrevista de Diario Libre, del lunes 29 del corriente, que “una cosa es lo que se dice abajo y otra es lo que se dice arriba’’, y tiene toda la razón el destacado líder de la oposición, pasado inquilino del palacio presidencial y quien por cuatro años se sentó en la silla de alfileres.

Ejemplos como el del presidente español Pedro Sánchez, quien estando en la oposición había criticado hasta el cansancio las erradas políticas económicas de Rajoy, luego, después en el cargo, ha variado muy poco la política económica de su antecesor, de hecho, la ha mantenido y ha ido más lejos al declarar que España va bien, pero ¿qué le hacía verla mal dos meses antes de llegar al palacio de la Moncloa?

En ese mismo orden, el recién electo presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO), experimentado dirigente de la izquierda, con más de veinte abriles aspirando a la presidencia, quien ha de asumir su mandato el primero de diciembre, había prometido  “apoyo para los jóvenes emprendedores, incrementar las pensiones a los jubilados, apoyo económico a los campesinos y préstamos a pequeños negocios’’, ahora en la transición incluye la expresión de que ‘’no vamos a gastar más de lo que ingrese’’, como una forma de amortiguar sus promesas con la realidad que está observando como próximo residente del Palacio ubicado en la delegación Cuauhtémoc.

Las atinadas declaraciones del expresidente Mejía, deberían provocar cavilación a una masa de electores que para el veinte-veinte va a elegir las autoridades, que dirigirán el futuro de la nación. Candidatos que prometerán y prometerán, hasta creerse sus propias ofertas. Dirán ellos “después que ganemos vendrá el tiempo de enmendar, lo primero es llegar, después que lleguemos veremos’’.

Desde la oposición todos los políticos, sin excepción, tienen las soluciones a los males que afectan al país.

Y dentro del arcoíris partidista, hay candidatos folclóricos, uno que él mismo admite su locura y patrocina su publicidad bajo el eslogan “es mejor un loco que un ladrón’’, otro, que muestra el apellido de su abuelo como sus músculos electorales. Plantea mano férrea, como panacea al
desorden imperante, promete “el cumplimiento de las leyes’’, las mismas que su propio familiar aborreció y modificó acordes a sus caprichos. Los más osados, actuales Santanitas, están ofertando acuerdos con potencias extranjeras para solucionar los males que datan de la colonia, bajo un neocolonialismo. Pero en algo sí hemos avanzado y es que los nuevos aspirantes han echado a un lado aquellos famosos y “elaborados’’ programas de gobierno que no eran más que fotocopias (con cambio de portadas) adquiridas en cualquier centro de copiado en las inmediaciones de la “Autónoma’’.

Anhelamos en los aspirantes, la sinceridad de un Melesio Morrobel, aquel pintoresco personaje político, interpretado magistralmente por el gigante del humor y cultísimo Freddy Beras Goico. Con don Melesio se sabía que “iba a robar, pero también a boronear, que iba a buscar lo suyo primero’’, no ha de sorprender que ante la actual desventura de los ‘de a pie’, veamos en el veinte-veinte a cualquier Morrobel, esta vez, quizás con unas botas puestas, o una camisa de fuerza, subir triunfante las escalinatas del palacio nacional, producto de la desesperación de un pueblo cansado de tantos teóricos, vividores y encantadores de serpientes.

Con la salvedad y desde ahora lo anunciamos con voz profética, de que esa cura será peor que la enfermedad, ¿increíble?, como diría el susodicho personaje: “eperen… que eta’ vaina e’ a sigun…”

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