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Conociendo a  Milagros Germán

Escrito por: Farah Hallal

Lenguaje gráfico: Cristian Hernández

 

Quien la ve con su elegancia natural, con su expresión franca y su convicción precisa, no se imagina que «La Diva» siempre fue diva. Válido es pensar que no se pasa de ser una miss (con lo mal que miramos siempre a las misses) a una profesional de su vuelo. No debemos olvidar que la idea de que la belleza y la inteligencia nunca andan juntas tiene dos patas quebradas: 1) se nos olvida que esta contraposición belleza/inteligencia es implantada en el imaginario popular por la cultura machista; y 2) pensar que la «belleza» viene en un solo formato.

Esto viene a cuento porque al hablar de Milagros Germán, como de otras súper profesionales, solemos resaltar sus características físicas antes que sus dones, habilidades o nivel de desarrollo intelectual. Y el universo de Milagros Consuelo de la Altagracia Germán Olalla (como seguramente –alguna vez– le voceó su mamá con una chancleta en la mano) compone eso y mucho más.

 

Muestra de ello no es solo la producción televisiva y la ruta de vida que ha llevado Milagros Germán, también lo es ese mensaje firme, honesto y valiente que pronunció sin «mie’o» en la pasada entrega de los Soberano. Mi abuela, que en paz descanse, diría: «esa sí que tiene rue’o en la falda».

 

Hay que ser muy valiente para aprovechar un escenario de tanto rating para expresar un sentir que está del lado del pueblo. Era más «políticamente correcto» para La Diva, agradecer a sus anunciantes poner la confianza en su programa. Pero no, ella fue a recoger su premio llevando a cuestas sus envidiables y dignos 58 años, y utilizó ese minuto de gloria para explicar a presentes y televidentes el compromiso que tiene nuestro tiempo con las futuras generaciones.

 

El detalle de creer que las futuras generaciones no tienen que ver nada con uno, es el siguiente: la pobreza y la riqueza se heredan. Y cuando usted nace con una mano «alante y otra atrás», usted tiene mucho menos oportunidades y estas pocas oportunidades le cuesta muchísimo más aprovecharlas. Y cuando, encima de pobre, usted es mujer, y encima de mujer, es negra: a Dios que reparta suerte.

 

Milagros Germán sabe esto porque nada de lo que tiene lo consiguió de la noche a la mañana. Ni ella ni esas otras mujeres que han desfilado por este espacio, espacio que busca resaltar el trabajo honesto y constante de gente valiosa, sin importar su color, su sexo, su orientación sexual, su condición económica ni intelectual. Etcétera. Etcétera. Etcétera.

 

¡Celebramos, pues, en nuestra edición 81, a nuestra admirada Milagros Germán, y esperamos que muchas mujeres sigan los pasos!